Opinión

Técnica del golpe

10 febrero 2014 4:17 Última actualización 24 septiembre 2013 5:2

 Fernando Curiel

 
 
 
Para mis hijos: Emprendo este artículo el día 14 de septiembre.
 
Finjo no estar al corriente de lo que sucede. Acudo a la prensa y a la radio (a la televisión la tengo de supina engañifa de la realidad mexicana; por ejemplo, en el canal 2, los que leen noticias durante el día reaparecen, por la noche, ¡como editorialistas políticos!).
 
 
Resumo.La nueva dueña de la ciudad de México, la Sección 22 de la CNTE de Oaxaca (las demás, Michoacán, DF, Guerrero, sirven de comparsas) trastornaron, ayer 13, las zonas centro y poniente en un bien maquinado cerrojo, con Los Pinos como blanco. Una columna baja desde el Zócalo, otra de Observatorio. Las marchas descomponen el tráfico en la Roma, la Condesa, Reforma, ¡Polanco!, la Anzures, Chapultepec, ¡Las Lomas!, Constituyentes.
 
 
¿Cuáles son las banderas del alboroto? De fondo: privilegios mal habidos, control de plazas, carácter hereditario de las mismas, comisiones sindicales subvencionadas con dineros públicos, ausentismo, extorsión política.
 
 
De forma: ¡que se abroguen, las tres leyes secundarias, ya legisladas, de la Reforma Educativa (sea ésta lo que sea)!; en especial, la que da escalofríos a la CNTE (¿y al SNTE, no?), la de ingreso, permanencia, promoción y evaluación. Y ¡dialogar con Peña Nieto! Todo, pues, a toro pasado.
 
 
A las 14:00 horas las dos columnas se aproximan al objetivo: domicilio idílico cuando Cárdenas, cuando Ávila Camacho, cuando Alemán; mentidero demagógico cuando Echeverría; salón de fiestas cuando Salinas y Zedillo; sucursal provinciana cuando Fox y Calderón. Hoy por hoy “búnker”.
 
 
Negociaciones (¿negociaciones?). No hay de dulce.
 
 
Enardecido, el líder de la Sección 22, contraataca: ¡tomar la Estela de Luz! ¡Bloquear el Periférico! ¡Bloquear el Circuito Interior! (por cierto, ¿quién diantres es Rubén Núñez?; aunque el lector añadirá: ¿y quién diantres es Barbosa, del PRD; Preciado, del PAN?; de Beltrones y Gamboa ya conocemos el historial: turbio).
 
 
Los maestros oaxaqueños, no nuestros aborígenes micro(o)buses (vaya: misiles), gobiernan la capirucha.
 
 
Las fuerzas del orden (es un decir) se interponen.
 
 
Zafarrancho, encontronazos, golpes. A la altura del Auditorio, en el Circuito Interior.
 
 
Nueva ¿negociación? Retiro al campamento/muladar de la Plaza de Armas. Entrevistado, un “profe”, se ufana del poder adquirido: o nos atienden o nos atienden.
 
 
En lo que viene el próximo capítulo, explico, lector, el título del artículo. “Teoría del golpe”. Golpe de mano, aclaro, no de Estado (¿o sí? ¿Sin que capten la conjura máxima, ni los servicios federales de inteligencia, ni, cuantimás, la sufrida ciudadanía?).
 
 
La fórmula ya ha sido ultra probada en Oaxaca y, un tantico, en mi estado Guerrero.
 
 
Pero también en Ciudad Universitaria, en el 86-87 y en el 99. Con Jorge Carpizo, lamentablemente, ya no contamos para dar fe; pero con Francisco Barnés, sí. Y con cientos de los que participamos del lado de los villanos en la defensa de las reformas, cuya profundidad o superficialidad habrá que analizarse (y cuyo rechazo replanteó una de las tres causas del cierre de la Real y Pontificia en 1833: institución “irreformable”; las otras dos: “inútil”, “perniciosa”).
¿En qué consiste la fórmula, la técnica del golpe? Abrevio: oposición tumultuaria y verbosa, asambleísmo frenético (para legitimar a los cabecillas), deporte de la violencia, moda antiautoritaria, más violencia, argumentación paranoica, toma de instalaciones (aquí, las cámaras legislativas, amago de ocupación del aeropuerto), la imposición del “diálogo” (si público, mejor), incremento de los medios de fuerza, adhesión de quien menos te imaginas, claudicación de la autoridad, marcha reformista atrás (aquí, la “deslactosada” Ley de Servicio Profesional Docente), más violencia, nuevo protagonismo político ganado a batacazos.
 
 
Así de fácil. Pasos uno tras otro. Escalados.
 
 
Bien (¿bien?).
 
 
Desde el comienzo del ciclo escolar, los insurrectos arribaron a la ciudad de México para acampar en el Zócalo y calles aledañas. Recorrí, más de una ocasión, las calles no tomadas del centro, y me asomé desde la terraza del Hotel Majestic, y sus cariacontecidos empleados.
 
 
Cundieron, como es lógico, las especulaciones. ¿Quién paga? ¿Quién mece la cuna? ¿Quién financia los transportes? ¿Chocan en verdad, el orden cívico y la libertad de expresión? ¿Tiene viabilidad, jurídica y política, la oferta del jefe de Gobierno, de fungir como mediador?
 
 
Que no habría Grito ni Desfile Militar.
 
 
Pero previo desalojo, hubo lo uno y lo otro.
 
 
Refugio: la explanada del Monumento a la Revolución (en sus orígenes, Salón de los Pasos Perdidos del inconcluso Palacio Legislativo porfiriano).
 
 
Nuevas amenazas.
 
 
Entretanto, la Selección Nacional (lo del TRI no acaba de cuadrarme) pierde ante ¡Honduras!; al Canelo, de pe a pa prefabricado por anunciantes y televisoras, lo hicieron pinole; Vucetich sustituye al “Chepo” (Compeán y demás se aferran al hueso); el flamante y costosísimo edificio del Senado continúa dilapidando el erario; Ingrid y Manuel destrozan las costas, respectivamente, del Golfo y del Pacífico…
 
 
La Policía Federal “blinda” el Zócalo.
 
 
La CNTE insiste en tomarlo.
 
 
¿Qué viene?
 
 
Seguiremos informando.
 
 
Investigador universitario.