Opinión

Teatro ciego

 
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Teatro ciego.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba en la ceguera. No en el Ensayo sobre la ceguera del comisario comunista José Saramago sino en la otra, en la de la oscuridad y el misterio. Los ciegos, decía Borges, son trágicos y misteriosos; los sordos, personajes confusos de una comedia. En estas cavilaciones se encontraba el gran Gil Gamés, a punto de bajar la persiana de la semana, esa piedra en la cual había tallado su alma, cuando leyó en su periódico La Jornada la noticia en las páginas de cultura. Todos tranquilos, nadie va a decirle de cosas a su periódico La Jornada. Oigan o lean esto: “Teatro ciego desarrolla la tercera temporada de la obra Unplugged en la oscuridad”. Caracho, lo que Gil tiene que ver, o no ver, pues estamos ante un proyecto de teatro ciego, es decir un teatro que ocurre en la total oscuridad. Se oyó un lamento en el amplísimo estudio: ¡Ay, mis hijoos ciegooos!

La Compañía de Teatro Ciego que dirige Juan Carlos Saavedra presentará en el Foro Shakespeare la tercera temporada de algo que no se sabe qué sea, salvo que ocurre en la oscuridad. Este grupo es el único en México y el segundo en América Latina en cuyo elenco figuran actores con discapacidad visual. “Somos una compañía incluyente formada por actores con discapacidad visual y normovisuales, creemos en la colaboración de artistas y jugamos con eso. No necesariamente llevamos la bandera de la discapacidad, es un proyecto de inclusión en toda la palabra”.

Estás viendo y no ves
Según cuenta Saavedra, los protagonistas de esta obra son la oscuridad, el sonido, la palabra y el desarrollo de la imaginación. Caracho: pues eso se parece más a la música que al teatro, pero bueno, cada quien su vida. Ahora mal, ¿qué pensarían la lectora y el lector de una música en silencio?; sí, música que no se oye con sus partituras y toda la cosa; o bien esto otro, innovador sin duda: cine con la pantalla negra, eso, una película cuyas escenas y sus actores nunca se ven. Quizá la lectora y el lector dirían en la intimidad de su hogar: ¿qué mafufada es ésta? Abran su mente, no cierren las puertas de la percepción.

Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: aquí hay complejidades. ¿Por qué no llamarle a las cosas por su nombre? El eufemismo es una vuelta innecesaria en la noria del lenguaje que desemboca en lo políticamente incorrecto. Por ejemplo, ¿los discapacitados visuales son ciegos?, ¿los discapacitados auditivos, sordos?, ¿los enanos, pequeños gigantes de la canción?, ¿las obras de teatro en la oscuridad, ejercicios sensitivo-musicales? Porque al paso que vamos, ya no habrá viejos sino seres rumbo a la plenitud de la nada.

Tercera llamada
Gamés no quisiera ser impolíticamente correcto, pero alberga (se les perdona el oscuro pensamiento porque es viernes) serias dudas respecto a este teatro. “Al escucharse la tercera llamada se apaga la luz del teatro y todo queda en penumbra. El público se sienta en el piso, junto a los actores; es privado de uno de los sentidos principales: la vista, para entrar en los zapatos de los invidentes y experimentar de manera distinta la propuesta escénica”.

No se lo tomen a mal a Gilga, pero qué obra más rara, los espectadores, los actores y quizás el autor, todos sentados en el suelo y en completa oscuridad. ¡Mello! “El énfasis está en la parte sonora, vocal, porque estamos en la búsqueda de que la actoralidad no es igual a la de una obra tradicional, por eso el público no está sentado en butacas, pues deseamos que solito agudice los sentidos del oído, del tacto y del olfato”.

Mientras leía esta nota escrita por Fabiola Palapa, Gil imagino el lanzamiento de su nuevo sello editorial Nad-Ita, una colección de libros bellamente empastados y cuya peculiaridad es que las páginas permanecen intonsas (gran palabra). Sí, adivinó usted, libros con páginas en blanco que transmitirán al lector, o mejor inlector, una sensación de vacío, de abismo, de la nada. No se conoce experiencia más cercana a la muerte. Seguro Gamés se lleva el premio nacional de algo. Gilga le desea suerte a Saavedra y a sus actores. Sayonara.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los meseros se acercan con las charolas que soportan el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Chagall por el mantel tan blanco: “El arte es un estado del alma”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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