Opinión

Te extrañaremos, Obama 

     
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Obama. (AFP)

Barack Obama fue electo presidente de los Estados Unidos el 4 de noviembre de 2008. Dos días después muy temprano por la mañana, el presidente de México, Felipe Calderón, lo felicitó por teléfono. Con su sonora voz de barítono y con mucha deferencia, Obama sorprendió al mandatario mexicano cuando mencionó: mi deseo es ir pronto a México a rendirle tributo a los mexicanos porque gracias a ellos llegué a la Casa Blanca.

Obama cumpliría su palabra y en su primera visita a América Latina vino a México, el 16 de abril del 2009. Lo destacable es la interpretación de Obama del electorado latino y mexico-americano.

Obama entendía que tener una buena relación con México, el país de origen de dos de las terceras partes del electorado latino, es una manera de agradecerle a sus electores su apoyo. Obama se esforzó por mejorar la relación con México. Claramente fue una de sus prioridades internacionales. Por ejemplo, Felipe Calderón fue el único mandatario extranjero que se entrevistaría con Obama, presidente electo. A Calderón y a su equipo nos sorprendió muy gratamente la apertura de Obama hacia nuestras propuestas. El libro blanco que se le mandó antes de la reunión (una propuesta informal de cómo podíamos avanzar los temas bilaterales –competitividad regional, reforma migratoria, Iniciativa Mérida y dialogo hemisférico) literalmente se lo apropió y lo utilizó en la conferencia de prensa que dio con Calderón al finalizar el encuentro.

Un logro indiscutible de Barack Obama fue la recuperación económica del vecino país. Encontró una economía con un desempleo cercano a 10 por ciento y una crisis financiera que no se veía desde la gran depresión. El paquete contracíclico de Obama fundamentado en una mayor infraestructura (ningún republicano en el Congreso lo respaldó) y la reforma regulatoria financiera permitieron remontar la crisis económica y la creación continua de empleos. Hoy deja un país con una tasa de desempleo de 4.6 por ciento.

El fortalecimiento de la economía de Estados Unidos fue el legado número uno de Obama no sólo para su propio país, también para el vecino del sur. El crecimiento de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos fue el gran motor que impulsó el crecimiento económico de México en el último trienio de Calderón y explica, en parte, el crecimiento en promedio de 3.0 por ciento en lo que va de la presidencia de Peña Nieto.

En el tablero estratégico global, Obama ha sido un presidente ampliamente predecible y pacifista. Para Obama, la intervención militar era claramente el último recurso. Su instrumento por antonomasia en la conducción internacional fue la diplomacia y la concertación. Su acuerdo nuclear con Irán es un importante avance para la paz global. Su más controvertida decisión fue no atacar al tirano de Siria, Bashar al-Assad, cuando éste violó la raya roja anunciada por Obama: utilizó armas químicas contra su propia población. Obama paró los bombardeos a Siria preparados por el Pentágono.

Los fiascos de las intervenciones en Irak y Libia eran demasiado evidentes para que Obama no los tomara en cuenta. El pacifismo de Obama tuvo sus tropiezos. El más evidente y caro fue no castigar a Rusia cuando había evidencia de que estaba hackeando la campaña del Partido Demócrata. Obama le advirtió a Putin dos veces en persona que no entrometiera en la elección.

Seguramente calculó que Hillary saldría victoriosa y, entonces, podría ajustar sus cuentas con el ruso. Obama prometió acabar con la polarización política en Estados Unidos. No sólo no lo logró sino que se agravó. A pesar de que entiende y admira al migrante, Obama pasará a la historia como el presidente con un mayor número de deportaciones. En sus primeros siete año deportó a 2.5 millones de personas, la mayoría mexicanos. Mi conclusión es que Obama ha sido un presidente excepcional. Prestigió la institución presidencial del vecino país. El mundo entero se sorprendió con la llegada de un afroamericano a la oficina más poderosa del planeta.

Extrañaremos sin duda su oratoria, no sólo por su prosa poética que iguala a los mejores de la historia estadounidense, como Abraham Lincoln y Franklin Delano Roosevelt, también echaremos de menos su mensaje optimista y lleno de esperanza. Su audiencia favorita siempre fueron los jóvenes.

Echaremos de menos a una familia de afroamericanos que con enorme dignidad aguantó todo tipo de insultos mientras habitaban en la Casa Blanca -"qué hace esa familia de changos allí"-. Como bien lo dijo la exprimera dama, Michelle, en su respuesta a los ataques del nuevo presidente de Estados Unidos, “cuando alguien nos sobaja, nosotros respondemos con dignidad.”

Barack Obama se va limpio de escándalos. No parece haberlo tentado ni el poder ni la riqueza.

Twitter: @RafaelFdeC

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