Opinión

Tasas de interés y finanzas públicas

 
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Agustín Carstens, gobernador del Banco de México (Banxico) [Cuartoscuro/Archivo]

Señalábamos la semana pasada que en la última reunión de política monetaria del Banco de México los miembros de la Junta de Gobierno habían enfocado la discusión en dos temas importantes: uno, la estrategia que seguirá el Banco Central para aumentar las tasas de interés cuando la Fed haga lo propio; y dos, la necesidad de fortalecer el marco macroeconómico mexicano, en particular las finanzas públicas, en vista de que puede ser fuente de inestabilidad financiera cuando empiece a normalizarse la política monetaria en Estados Unidos. En los últimos días sucedieron una serie de eventos que han contribuido a aclarar la discusión de estos temas.

Sobre la estrategia que se va a seguir para aumentar la tasa de interés cuando la Fed estadounidense haga lo propio en su país, el Banco de México resolvió de un plumazo la semana pasada la discusión que se había dado en el mercado de dinero mexicano sobre la posibilidad de que pueda esperar algunos meses para hacerlo, en aras de favorecer la recuperación económica: modificó y acomodó el calendario de las próximas reuniones de política monetaria al calendario de la Fed estadounidense, de modo que reducir al máximo el intervalo entre la fecha en que la Fed tome su decisión y la fecha en que lo haga el Banxico.

Con esta acción el Banco Central envió dos mensajes a los mercados: uno, que de todos modos va a aumentar la tasa de interés de referencia; y dos, que lo va a hacer inmediatamente después de que lo haga la Fed. Esto resuelve el dilema de si aumentar o bajar la tasa de interés (en vista de la debilidad de la economía y la baja inflación), con lo que refrenda que su preocupación más importante hoy en día es la estabilidad financiera.

Sobre la necesidad de fortalecer el marco macroeconómico y en particular las finanzas públicas, la semana pasada también se publicaron cifras sobre el desempeño del ingreso y gasto público al cierre de mayo, mismas fueron en sentido contrario al sugerido por el Banco Central en sus últimas comunicaciones. En la última reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, diferentes miembros llamaron la atención de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para que enmiende la política fiscal con el objeto de bajar la razón de la deuda pública sobre el PIB, para lo cual no sólo es necesario cumplir con los compromisos anunciados sobre el recorte del gasto público, sino también, de ser necesario, considerar la posibilidad de llevar a cabo ajustes adicionales al gasto.

Las cifras de las finanzas públicas de mayo muestran que el déficit público acumulado en los cinco primeros meses del año pasó de 79 mil 232 millones de pesos en 2014 a 180 mil 693 millones de pesos durante el presente año (aumentó 128 por ciento), producto del aumento del gasto en una proporción mayor al incremento de los ingresos (8.5 por ciento y 3.9 por ciento real, respectivamente). El déficit primario (considera ingresos menos gastos, pero sin contabilizar servicios de la deuda), por su parte, aumentó 323 por ciento, al pasar de 22 mil 774 millones de pesos a 96 mil 292 millones de pesos. Esto contrasta completamente con la percepción común de que si bien el déficit tendría que aumentar ante la caída en los precios internacionales del petróleo, éste se daría por una contracción en los ingresos antes que por una expansión del gasto y con mucha mayor razón después del anuncio del secretario de Hacienda en enero de que tendría que recortarse el gasto ante la fuerte caída que se esperaba de los ingresos públicos.

Lo que ha sucedido en la realidad es que los ingresos aumentaron por el registro de algunas partidas no recurrentes, como la transferencia del remanente de operación del Banco de México en 2014 y los recursos provenientes de licitación de las televisoras; mientras que no se sabe a ciencia cierta por que aumentaron los gastos, aunque el secretario de Hacienda ha dicho que fue a consecuencia de las elecciones.

Como es de esperar, el incremento del déficit público y, sobretodo, del déficit primario, ha provocado que aumente el endeudamiento externo durante lo que va del año en 13 mil millones de dólares, la cifra más alta registrada para los primeros cinco meses del año.

El aumento del déficit fiscal torna más vulnerable la economía no sólo porque eleva las necesidades de financiamiento del sector público en circunstancias en que se prevé una disminución en las fuentes de financiamiento a consecuencia del aumento de las tasas de interés que está preparando la Fed estadounidense, sino también porque no contribuye a ajustar la economía y el tipo de cambio real ante el choque que ha representado la caída en los ingresos derivados de la venta de petróleo, misma que se considera será duradera. Además, el aumento del déficit fiscal eleva la razón de la deuda pública sobre el PIB, poniendo en riesgo la sustentabilidad de la postura fiscal en el mediano plazo.

Como si lo anterior fuera poco, el proyecto de “presupuesto base cero” para 2016, presentado la semana pasada al Congreso, no pasó de ser una miscelánea fiscal, en la que se recortan algunas partidas y se fusionan otras, sin una clara orientación al logro de una mayor eficiencia en el ejercicio del gasto y sin que se privilegie el gasto de inversión pública.

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