Opinión

Tan cerca de Trump
y del México bronco

   
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Donald Trump

“Hay que prepararnos para lo peor y esperar que no suceda”. Esta argumentación la escuché al menos de tres académicos muy reconocidos en materia internacional. Ninguno de ellos puso en duda que Trump cumpliría con sus promesas de campaña y con las amenazas contra los mexicanos, que le sumaron valiosos puntos para llevarlo a la Casa Blanca.

Estamos a unos cuantos días de que se convierta en presidente de Estados Unidos el hombre que aparentemente enviará las señales más claras de su gobierno vía Twitter, igual para amenazar a una empresa que ya invierte en nuestro país o está considerando hacerlo, que para responder y atacar a Meryl Streep, una de las actrices más famosas de Hollywood, o a un obrero que osó desmentirlo. Si alguien sabe hacer uso de las redes sociales para mostrar su poder autoritario es justamente el presidente electo de Estados Unidos.

Aquellos que una y otra vez afirmaron que no sería consistente con sus promesas y amenazas de campaña hoy más bien están seguros de que ocurrirá lo opuesto.

Pero más allá de la gravedad de la forma y del fondo conque ha venido actuando Trump, son las condiciones en las que llegamos a negociar frente a él las que nos deben preocupar y ocupar a los mexicanos, principalmente a quienes desde las instituciones tienen que responder.

A prácticamente diez días de su toma de protesta nos encontramos tan cerca de Trump y tan lejos de nosotros mismos. Llegamos a este día, en México, muy cerca del tan temido México bronco, del que en su momento don Jesús Reyes Heroles advirtió en su discurso del 5 de febrero de 1978: “Nuestra disyuntiva es clara, no podemos, lisa y llanamente, mantenernos en la democracia que tenemos, o avanzamos en ésta, perfeccionándola, o retrocedemos. Pensemos precavida o precautoriamente que el México bronco, violento, mal llamado bárbaro, no está en el sepulcro, únicamente duerme. No lo despertemos, unos creyendo que la insensatez es el camino; otros aferrados a rancias prácticas... Todos seríamos derrotados si despertamos al México bronco”.

Frente a lo que inevitablemente sucederá este 20 de enero y después, tenemos pocas opciones. O lo convertimos en una oportunidad o estamos en la antesala de años realmente adversos e inciertos, que significarían la pérdida de miles de oportunidades, una muy costosa regresión de nuestra joven democracia, y la pérdida de libertades.

Un México confrontado y con decisiones políticas tan distantes a las realidades de millones de ciudadanos es una posición muy vulnerable para poner sobre la mesa una agenda de negociación con quien ha demostrado no tener en su interés el promover y fortalecer un modelo de apertura económica. Las señales dadas durante estos meses transitan justamente a la inversa, a un proteccionismo que deja de lado las ventajas comerciales y de generación de empleos para ambos países, construidas hasta ahora.

El reto ahora es ¿cómo reconstruir las bases indispensables de credibilidad y confianza en las autoridades para lograr consensos fundamentales, para que el hartazgo y los reclamos encuentren cauces institucionales y no sean las expresiones de un México bronco las que se fortalezcan?

La respuesta no está en la búsqueda de soluciones populistas o autoritarias, tampoco en el desprecio a lo que significa una sociedad civil cada día más organizada y activa.

Apostar a la debilidad institucional o a territorios sin ley, o a la incapacidad o falta de voluntad política para dialogar y actuar conjuntamente en los propósitos que involucren a millones de mexicanos aquí y en cualquier otro lugar del mundo, por encima de intereses particulares o de grupo, es el peor de los caminos.

Lo que debamos hacer hay que hacerlo ya, con sentido de urgencia y también de largo plazo, con apego a la ley y con la sensibilidad de colocarse en el lugar del otro.

No recuerdo, en nuestra historia contemporánea, haber enfrentado momentos como los que hoy vivimos, con una dinámica mundial y nacional que no responde a la normalidad o a los comportamientos tradicionales.

Por supuesto que hay quienes también aprovechan y quieren sacar ventajas, porque “a río revuelto, ganancia de pescadores”, pero es un grave error y una miopía intentar simplificar lo que estamos viviendo y dejar de reconocer las razones genuinas que dan origen a la molestia, el miedo, la frustración y el hartazgo que vemos en amplios sectores de la población.

Frente a lo inevitable la única alternativa es enfrentarlo y actuar con responsabilidad, dignidad y altura de miras. Y es frente al dolor evitable que, como afirmaba don Manuel Gómez Morín, “es el dolor que unos hombres causamos a otros hombres, el dolor que origina nuestra voluntad o nuestra ineficacia”, que debemos responder por la vía institucional, teniendo como protagonistas a los ciudadanos, porque “todos seríamos derrotados si despertamos al México bronco”.

Twitter: @JosefinaVM

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