Opinión

Tan cerca de Estados Unidos y tan lejos del cabildeo


 
 
 
La captura del líder de los brutales zetas me hace sospechar que la mano de la inteligencia estadounidense está detrás de muchos de estos logros. No tengo confirmación alguna de que así haya sido, ni tendría nada de malo de ser cierto. Nunca sabremos cuánto del mérito de la captura cae de uno u otro lado del Río Bravo. Lo que sí sabemos es que públicamente a ambos conviene que, al menos a nivel de los medios de comunicación, la medalla se quede al sur.
 
 
Cualquier ayuda estadounidense recibirá un rechazo chauvinista en México, viéndola como un atentado a nuestra soberanía. En éste, como en muchos otros frentes, la realidad está lejos de la percepción mediática. La verdad es que la cooperación entre ambos países es creciente, como también lo es la problemática en común.
 
 
A nivel del público, sin embargo, no sé qué me sorprende más, si el ínfimo entendimiento que México tiene de Estados Unidos, o la indiferencia total del último hacia el primero.
 
 
Pero creo que ha llegado el momento de que nos demos cuenta en México de que somos cotidianamente afectados por decisiones políticas que se toman en Estados Unidos y de que tenemos que entrarle a ese juego.
 
 
Las campañas políticas se han vuelto una costosísima empresa en Estados Unidos y, por ello, se estima que en 2012 entidades privadas invirtieron 3,500 millones de dólares en actividades de cabildeo.
 
 
Muchas decisiones que afectan a intereses mexicanos se han visto influidas por intereses que se manifiestan por esta vía absolutamente permitida por la ley. La prohibición a la importación de aguacate o tomate mexicanos, o el bloqueo a la entrada de camiones de carga, son manifestaciones de esa actividad.
 
 
En forma más preocupante, hay una liga directa entre el cabildeo y la criminalización de los migrantes indocumentados o la propuesta militarización de la frontera. En el primer caso, empresas como la Corporación Correccional de América, con sede en Nashville, o el conglomerado GEO Group, de Boca Ratón, gastaron fortunas financiando campañas políticas de congresistas locales o federales, de sheriffs como el infame Arpaio, y de funcionarios que contribuyeron a endurecer la ley para criminalizar a migrantes y así proveer de clientela al pujante negocio de construcción y administración privada de cárceles.
 
 
GEO recibe 662 dólares de contratos gubernamentales por cada dólar que gasta en cabildeo, excelente inversión. Igualmente, la militarización de la frontera ha sido más que oportuna para darle negocio a los grandes proveedores de equipos y tecnología militar que se han quedado sin negocio por la salida de Irak y Afganistán.
Como dije en mi columna pasada, México tiene un colosal peso económico en Estados Unidos.
 
 
Además de las cifras que antes di, entre los empresarios que piden visa de inversionista en ese país, los mexicanos ocupan el tercer lugar después de los alemanes e ingleses y somos el mercado número uno o dos de exportación para 26 estados de nuestro país vecino. Esto implica que tenemos enorme capacidad para influir en un alto número de distritos electorales que se benefician del negocio con México o de empresas mexicanas en Estados Unidos.
 
 
Viendo que es precisamente en la Cámara de Representantes donde parece atorarse la reforma migratoria, parece inaudito que no estemos armados para ser un contrapeso ante los intereses en nuestra contra.
 
 
Pero recordemos siempre que ésa no es una función que le compete al gobierno desarrollar. La muy fallida exigencia pública de legalización de migrantes en la época del canciller Castañeda nos recuerda que cuando un gobierno se inmiscuye en temas internos del otro (y la política migratoria es estrictamente un tema local), el mero intento genera anticuerpos a todos los niveles. Mucho podemos aprender de la estrategia que han armado otros países desde China hasta Israel para influir.
 
 
En el caso de estos últimos, los maestros en el tema, son las empresas quienes se encargan de la ejecución. Hoy en día, meterse con Israel le garantiza problemas a quien se atreva, meterse con intereses mexicanos genera beneficios y carece de costo. Ha llegado la hora de que nuestra pegada en la arena política corresponda a nuestro peso en el terreno económico. Tenemos que articular una estrategia madura e inteligente.