Opinión

Tan bien que iba

 
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Andrés Manuel López Obrador.

Gil no sabe mentir. Después de repasar la noticia sobre el manotazo federal a la CNTE interviniendo su corrupto brazo administrativo, el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, Gamés revisó las reacciones de aquí y allá. Adivinaron, la búsqueda se concentraba en la reacción de Liópez. No encontró nada hasta la mañana siguiente. El Dios de los gameses no abandonó a Gil. Su periódico EL FINANCIERO lo puso así en una nota de Felipe Rodea desprendida de un video difundido en la cuenta de Twitter de Liópez: “Estoy a favor del movimiento magisterial en estos momentos en que los quieren borrar, quieren quitarles la posibilidad de participar en lo que tiene que ver con la política educativa de Oaxaca”. El alma de Gilga descansó. Lo verdaderamente raro, lo preocupante habría sido que Liópez valorara la decisión de retirarle la canasta a una banda de corruptos.

Sobre engaño no hay advertencia: Liópez propone la austeridad, pero está de acuerdo en que los líderes de la Coordinadora ganen más de cien mil pesos sin poner un pie en el aula; Liópez está en contra de la corrupción, pero apoya la administración probadamente ladrona del sindicato; Liópez dice defender a los pobres, pero no le parece mal que un millón de niños pobres no tengan clases mientras sus maestros colapsan las ciudades de Oaxaca y de México.

La audiencia
Liópez lamentó que Gabino (así le dice el jefe al empleado) “haya claudicado, haya cedido y haya dado el paso a quienes han venido insistiendo en golpear al magisterio democrático de Oaxaca, lo lamento mucho (…). Tan bien que iba, estaba resistiendo, no estaba cayendo en provocaciones; cayó redondo en la provocación”.

Gamés se dio una machincuepa doble: ¡el magisterio democrático de Oaxaca! Tan bien que iba. Liópez ha pedido una cita: “quiero hablar con la directiva de los maestros de Oaxaca, estoy solicitando una audiencia, una entrevista, un encuentro con los dirigentes de los maestros. Lo podemos lograr, se puede establecer en Oaxaca un gobierno del pueblo y para el pueblo. De eso quiero hablar con los maestros (…) la educación es un derecho y no un privilegio, insisten en ponerla en el mercado como un privilegio”.

A Gil se le cuecen las habas por ver, leer, escuchar las reacciones a semejante apoyo, a esta propuesta de alianza electoral con el “democrático movimiento magisterial”, con los enemigos de las ciudades de México y Oaxaca, con los rufianes embozados (ah, en ocasiones el desahogo es una gran cosa). El clásico no lo dijo, pero nada le hace: por sus aliados los conoceréis.

Cólera
Gamés no pudo ver el juego semifinal del torneo Copa Oro entre Panamá y México, pero corresponsales fieles que Gil tiene en la vida cotidiana le informan que los locutores montaron en el búfalo de la ira por un penalti muy dudoso (bueno, regalado) marcado a favor de México. Vergüenza, bochorno, pena, fueron algunas de las palabras con que calificaron el resultado de dos a uno a favor de México, que pasa así de rodillas a la final para enfrentar a Jamaica.

Gamés no discutirá la legitimidad de un penal; en cambio, sí puede decir que lo único verdaderamente vergonzoso son los locutores gritones, cabezas de chorlito que suben y bajan el tono según se les ordena y según ven lo que no ven en el campo de juego.

Ahora mal: inferir por un juego de futbol que el alma mexicana es inmoral, corrupta, impresentable, le parece a Gamés un disparate con papas. Que los panameños se indignen por el robo, se entiende, pero que los mexicanos nos indignemos y hagamos la rabieta viene de un mundo raro. Debimos perder, ¿no es un poco demasiado?

Imaginen la lectora y el lector a los holandeses después del juego de la Copa del Mundo de 2014 en el cual se marcó un penalti inexistente contra México, castigo que le costó al equipo mexicano la eliminación, diciendo que Holanda es un país inmoral y que Arjen Robben debió tirar el balón fuera de la cancha: los holandeses somos basura, incendiemos Rotterdam para expiar nuestra culpa ante los pobres mexicanos; borremos La Haya del mapa, somos más un masacote neerlandés intragable. En fon. Somos muy raros, una afición tan justa tan justa que al término de un juego dice: debimos perder, si tuviéramos vergüenza renunciaríamos a la victoria y, si hace falta, a la vida. Así lo gritaban Alarcón, Burak, Valdés, García y Martinoli, estos dos últimos que, por cierto, le caen muy bien a Gilga.

La máxima de Marco Tulio Cicerón espetó dentro ático de las frases célebres: “La victoria es por naturaleza insolente y arrogante”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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