Opinión

También se va Madero

Gustavo Madero no da paso sin huarache. Todo lo que ha venido haciendo apunta hacia su candidatura presidencial en 2018.

Da la impresión de ser un ranchero poco instruido, bonachón y algo ingenuo, pero no es ninguna de las tres cosas.

Sabe lo que quiere, practica el arte del engaño y tiene un proyecto definido, para lo cual utiliza aliados cercanos a Dios y al Diablo.

Su ruta hacia Los Pinos, o al menos a competir por ser el sucesor de Enrique Peña Nieto, pasa por dejar la dirigencia nacional del PAN y lanzarse como candidato a diputado federal para ser el próximo coordinador de los legisladores blanquiazules en San Lázaro.

Ha tenido los reflectores como presidente nacional del PAN, y su exposición en los medios masivos se multiplicó a partir de la firma del Pacto por México, el 2 de diciembre de 2012.

A partir de ese momento Madero se convirtió en el interlocutor más importante del gobierno y controló con mano firme los intentos por debilitarlo en el seno de su partido.

Logró aumentar su protagonismo al destituir al coordinador del PAN en el Senado, Ernesto Cordero, y poner en su lugar a un incondicional suyo, el senador Preciado, cuya ambición política no va mucho más allá de ser alcalde de Coquimatlán, Colima.

Derrotó a Cordero en la elección para presidir al PAN, lo que fue visto como un triunfo sobre Felipe Calderón, y ciertamente así ocurrió.

Madero tomó en su mano todas las canicas blanquiazules. Hizo un CEN a su medida y se deshizo de aliados insostenibles como Luis Alberto Villarreal, el que coordinó a los panistas en San Lázaro durante casi toda esta legislatura.

Pero no sólo eso. Para ganar la reelección en el PAN, Madero se apoyó en la capacidad operativa del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien también aspira a la candidatura presidencial por ese partido.

Lo engañó. Le hizo creer que eran un tándem: Madero en la presidencia del PAN y Rafael Moreno Valle el candidato natural a la presidencia de la República.

Sin embargo, Madero dejó solo a Moreno Valle luego de los acontecimientos en Chalchihuapan, cuando debió haber salido a defender con todo al gobernador que era linchado por una muerte no imputable a él ni a la policía de Puebla.

Está en la cresta de la ola. Hoy por hoy, no hay panista más visto que él.
Pero una vez concluido el Pacto por México, la presidencia nacional del PAN perderá glamour y no atraerá los reflectores como ha ocurrido hasta ahora. Tiene que cambiar de plataforma.

Por eso veremos a Madero renunciar a la dirigencia nacional del PAN, y apuntará su estrategia a ser el líder de los diputados de su partido en la siguiente Legislatura.

En el camino dejará a Santiago Creel, su aliado con más credenciales en el partido, quien hasta hoy siente segura la coordinación de los diputados panistas a partir de septiembre del próximo año. Se equivoca Creel: el coordinador va a ser Madero.

Y en la presidencia del partido quedará el actual secretario general, Ricardo Anaya, quien se encargará de ungir a Madero como coordinador parlamentario en San Lázaro.

¿No? Ya lo verá.

Twitter: @PabloHiriart