Opinión

Tamaulipas: sorpresa en el PRI


 
 
Cuando apenas el año pasado se comenzó una campaña para poner en la lista de relevos a su gobernador por las malas cuentas electorales en las presidenciales, ahora el estado de Tamaulipas repuntó para colocarse como la sorpresa del PRI en el noreste como lo fue Puebla para el PAN.
 
 
El asunto llama la atención por tres hechos: el gobernador Egidio Torre Cantú entró al relevo en la candidatura por el asesinato de su hermano Rodolfo ya en campaña, en la elección presidencial del 2012 el gobierno panista usó a los delegados federales para trabajar a favor del PAN y Gustavo Madero fue cómplice de esa maniobra de uso del Estado a favor de su partido y la campaña calderonista contra 3 exgobernadores sirvió para beneficiar a los candidatos del PAN.
 
 
En 3 años de las locales y apenas un año de las presidenciales, el PRI tamaulipeco se volvió a posicionar de las alcaldías y mantuvo casi el poder en la legislatura local. El asunto no es menor porque consolida al tricolor en una franja noreste tocada por el crimen organizado y la inseguridad y paulatinamente recuperada con la presencia activa del ejército.
 
De 61% de votaciones para Torre Cantú como candidato a gobernador en el 2010, el PRI cayó a segundo lugar en las presidenciales del 2012 con Peña Nieto como candidato. En un año, el PRI casi recuperó la votación de hace tres años y el PAN se colocó en el segundo sitió con un PRD borrado del mapa electoral por quedarse en el furgón de cola de la alianza con el PAN aunque sin ninguna seña de identidad en candidaturas dominadas por priístas.
 
 
A diferencia de Puebla donde el gobernador Rafael Moreno Valle se jugaba su posicionamiento en el PAN con miras a la candidatura presidencial panista del 2018, el gobernador Torre Cantú pasó de empresario a político por el asesinato de su hermano como candidato y como indicio del grado de descomposición del estado. Ahora lo que tienen el PRI y el gobernador enfrente es la reorganización de los tejidos social y político y el relevo de la clase política local.
 
 
Sin el apoyo ilegal y el viejo estilo priísta de usar recursos gubernamentales a favor de sus candidatos, el PAN se enfrentó en Tamaulipas a su verdadera dimensión política. En la campaña presidencial del año pasado, la PGR del gobierno de Calderón usó el tema del presunto involucramiento de tres ex gobernadores en el narcotráfico pero sin procesar penalmente los datos.
 
 
Como presidente del PAN, Gustavo Madero no sólo nopropició una competencia leal sino que apoyó a Calderón en el uso de delegados federales del gobierno panista para labores a favor de la candidata presidencial Josefina Vázquez Mota. En términos comparativos, los delegados federales panistas en el 2012, con el aval de Madero, tuvieron un mayor involucramiento tramposo que el que Madero denunció, a niveles de histeria, en Veracruz, donde por cierto el PAN también fue aplastado con más de dos a uno por el PRI y más de seis a uno en diputados.
 
 
La clave de la victoria priísta en Tamaulipas se dio en la reorganización del PRI con nuevos liderazgos políticos. La derrota priísta en las alcaldías de Matamoros y Nuevo Laredo --municipios, por cierto, contaminados por el crimen organizado-- fue producto de malos saldos en materia de seguridad y grupos priístas en pugna. El PRI ganó 35 de las 43 alcaldías --81.4%-- y 16 de 22 diputados locales --72.77%--, aunque dos menos que hace tres años pero con el control de alrededor del 60% del congreso local.
 
 
Al final, el gobernador Torre Cantú y la victoria del PRI lograron reposicionar a Tamaulipas en el mapa político nacional del gobierno del presidente Peña Nieto donde se le veía como el arrimado por la derrota del 2012.
 
 
El PAN se confió en el saldo del año pasado y el PRI le dio un sopapo a Madero.
 
 
 
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