Opinión

Talento, factor clave
para la innovación
y la competitividad

Víctor Gutíerrez Martínez
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Talento

* Presidente nacional de Canieti y presidente de la Comisión de Innovación y Tecnología para la Competitividad de Concamin.

En las últimas semanas se dieron a conocer reportes que nos indican cuál es la situación de México con respecto a la formación de talento humano y la capacidad de innovación. Dichos reportes, publicados por el Foro Económico Mundial (WEF) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), no han sido los más alentadores, puesto que México aparece en una posición de medianía, en relación al desarrollo de estas competencias, al compararse con otros países de características similares de América y Europa.

Para el WEF, “el talento, no el capital, será el factor clave que relacione innovación, competitividad y crecimiento en el siglo XXI”. El reporte clasifica a 124 países a partir del Índice de Capital Humano, que integra 46 indicadores sobre educación y mercado de empleo. Los países mejor clasificados son Finlandia, Noruega y Suiza. México se ubica en la posición 58, mientras que otros países latinoamericanos como Chile (45), Uruguay (47) y Argentina (48) están mejor posicionados. Nuestros socios comerciales en el TLCAN, Canadá y Estados Unidos, ocupan la posiciones 4 y 17, respectivamente.

A su vez, la OCDE presentó el informe ‘México: Políticas prioritarias para fomentar las habilidades y conocimientos de los mexicanos para la productividad y la innovación’, que arroja algunos datos interesantes como los siguientes: el 40% de los adultos mexicanos tiene el grado de bachillerato o profesional técnico –por debajo del promedio de la OCDE de 75%–, la productividad de México es menor en 60% al promedio de la OCDE, y finalmente la matrícula escolar entre los 15 y 19 años es la más baja por detrás de Turquía.

Este organismo internacional explica que “para detonar plenamente el potencial del país y elevar la productividad, es necesario contar con un programa integral destinado a mejorar las competencias de todos los mexicanos, tanto en el plano educativo como en el mercado laboral”. Para la OCDE, el énfasis se debe poner en la educación media superior, elevando la calidad, haciéndola más acorde a las necesidades de los estudiantes y reforzando la vinculación con el mercado laboral.

Lo señalado en párrafos anteriores hace evidente que en México la base del conocimiento y de la educación es considerablemente delgada, lo que conlleva a una problemática futura en la obtención y fomento de nuevo conocimiento.

Tal situación es preocupante, en cuanto a que nos pone en desventaja frente a otros países, cuyos esfuerzos de políticas públicas han estado enfocados en hacer crecer el talento de su capital humano, desarrollando una base educativa de muy alta calidad que dé como resultado un mayor crecimiento económico, como es el caso de Corea del Sur.

Y es que como indican Blanca Heredia y Édgar Franco, en su estudio ‘La brecha de talento en México y sus costos económicos’, mantener el estatus quo en el que un mínimo de los estudiantes tiene un nivel alto de desempeño –alrededor de 0.6% de los evaluados en PISA– apenas tiene un impacto de 1.6% en el crecimiento del PIB per cápita en los próximos 40 años.

En cambio, si se logra que el 7% de los estudiantes se encuentre en los niveles de mayor talento, entonces el impacto en el PIB per cápita sería de hasta 132%. La diferencia también se puede observar en que los individuos con bajo nivel educativo aportarían al final de su vida laboral mil 555 millones de pesos, mientras que los de mayor nivel aportarían 16 mil 275 millones de pesos.

En resumen lo que se podría derivar de los tres documentos, es que los bajos niveles de formación de talento humano, particularmente en la educación media superior –nivel educativo determinante para el acceso al mercado de trabajo– así como en innovación, nos debe llevar como país a revisar cuáles son las bases y con qué instrumentos
comparativos contamos para medir el estado de la calidad educativa, qué competencias tenemos que reforzar, y cuáles deben ser nuestras metas para un futuro más competitivo; en especial cuando los principales fundamentos del nuevo modelo económico, basado en la información y el conocimiento, se encuentran en una educación de muy alta calidad y en el talento que logren y aporten los individuos.