Opinión

Taleb Rifai y su labor
por México

 
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Rifai

Este lunes el presidente Enrique Peña Nieto le entregó al secretario general de la Organización Mundial del Turismo, Taleb Rifai, el máximo reconocimiento que el gobierno mexicano otorga a un extranjero.

La ceremonia, muy discreta, se llevó a cabo en un pequeño salón de Los Pinos, donde el dirigente jordano recibió la Orden Mexicana del Águila Azteca, en grado de Banda.

Para ser precisos, esta distinción —que data de 1933— tiene seis categorías. La más alta es de grado Collar, que Rifai no pudo recibir porque, de acuerdo con la reglamentación publicada en el Diario Oficial de la Federación el 29 de marzo de 1941 —en plena guerra mundial—, esa únicamente se otorga a jefes de Estado; en tanto que la que se le dio al dirigente de la OMT fue en grado Banda de Primera Clase, destinada a ministros o secretarios de Relaciones Exteriores y a embajadores. Y si algo ha sido Rifai durante los ya casi ocho años que lleva en el cargo, ha sido precisamente eso: un embajador.

Según explicó el gobierno mexicano, esta condecoración se da por los servicios prominentes prestados a la nación o a la humanidad. Y, en el caso concreto de Rifai, es “por su valiosa contribución en la promoción de los destinos turísticos de nuestro país, así como por su destacada labor mejorando la imagen de México en el exterior”.

Al entregarle la medalla, Peña Nieto le dijo que durante su gestión al frente del organismo miembro de las Naciones Unidas, “ha jugado un papel prioritario al destacar el desempeño de México y su gran potencial turístico”. Fue todo lo que dieron a conocer del acto protocolario.

Con esta escasa información, pareciera que lo único que hizo el secretario general de la OMT para recibir la mayor presea que concede el Estado mexicano, fue promover turísticamente a México en el mundo.

Sin embargo, no hubo ninguna mención al papel que jugó Rifai en 2009, cuando vivimos esa insólita experiencia de la epidemia de influenza AH1N1, que convirtió a la Ciudad de México en una especie de pueblo fantasma, causando severos daños a la economía de la metrópoli.

Semanas después, cuando el entonces secretario de Turismo de la capital del país, Alejandro Rojas, hizo un recuento de los daños, informó que, en cuanto al comercio, las pérdidas ocasionadas por la contingencia sanitaria ascendían a 47 por ciento, mientras que solamente habían llegado 272 mil turistas de los 800 mil que se esperaban para el periodo del 24 de abril al 20 de mayo; además, la caída de transportación terrestre de turistas dentro y fuera de la ciudad alcanzó 70 por ciento.

Durante la crisis, México se volvió un país apestado, llegando a ser aislado por algunas naciones. Ante este escenario, la OMT de Rifai lanzó el mensaje de que el gobierno mexicano estaba enfrentando la crisis de una “manera seria y responsable”, con una pronta respuesta que debía ser considerada como una lección sobre la importancia de adoptar medidas adecuadas que limitaran el impacto de la enfermedad en el turismo internacional.

En agradecimiento, en noviembre de 2010 Ebrard reconoció la ayuda prestada por el jordano, entregándole en una ceremonia oficial la medalla y el pergamino de Visitante Distinguido por parte de la Ciudad de México. “Se ha ganado esta medalla no como un acto simbólico, sino como producto de su esfuerzo”, le dijo el entonces jefe de Gobierno.

Rifai volvió a tomar relevancia para México cuando hace unos meses, en la feria Fitur, en Madrid, improvisó un discurso para defender a nuestro país de los embates del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Terminó su alocución así: “Yo tengo plena confianza en este país, tengo fe en que ningún muro, en este mundo, podría aislar a México. El país que lo haga sólo estaría aislándose a sí mismo. Sé que estoy mencionando temas muy delicados, pero quiero enviar un mensaje muy claro a toda la gente de México: el mundo los está mirando, el mundo confía en ustedes y el mundo los respeta. Cumplan esas expectativas. Tienen un gran país, tienen que estar orgullosos de él”. Ahí acuñó la frase de que “México es un mundo en sí mismo”, que ahora es el lema de una campaña de promoción que el Consejo de Promoción Turística de México acaba de lanzar en el extranjero.

Sí, el jordano que está a poco menos de tres meses de dejar de ser el líder de la OMT, merece todo nuestro reconocimiento. Porque el apoyo que nos brindó fue mucho más allá que la simple promoción turística.

Correo: garmenta@elfinanciero.com.mx

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