Opinión

Swiss Army Man: para sobrevivir, aléjese de ella

 
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Swiss Army Man. (Wikipedia)

Hank (Paul Dano) está varado en una diminuta isla desierta. A punto de suicidarse, advierte que la marea ha arrojado un cuerpo a la playa: un hombre (Daniel Radcliffe), que más adelante conoceremos como Manny, ya en estado de descomposición. Lo que voy a describir es (de veras) lo siguiente que ocurre: Hank escucha los sonoros gases post mortem de Manny y decide montar el cadáver y usarlo como jet ski para escapar de la isla. Los dos acaban en otra playa, a orillas de un enorme bosque, donde Manny lentamente recupera la capacidad de hablar y Hank utiliza al cadáver parlante y flatulento para hacer fogatas, cazar ardillas y demás. De ahí el título en inglés, Swiss Army Man, en referencia a una navaja multiusos. O su milagrosamente atinada traducción al español: Un cadáver para sobrevivir.

Aunque hemos visto películas con elementos similares (Weekend at Bernie’s o la amistad entre Tom Hanks y una pelota de voleibol en Cast Away), el desarrollo de Swiss Army Man la convierte en una cosa francamente inclasificable. Los directores Dan Kwan y Daniel Scheinert, extraordinarios videastas, desmontan nuestras sospechas (si creemos que Manny es una broma, el dúo no tarda en tomárselo en serio) o simplemente se niegan a confirmarlas, ensamblando una película a la que estamos obligados a darle manga ancha para poder, ya no digamos disfrutarla, sino verla de principio a fin.

No faltará quien tome esta tacañería por atrevimiento o brillantez. A mí, Swiss Army Man no me enganchó. Su humor, inclinado hacia lo escatológico, me resultó adolescente. Sus misterios no me envolvieron, y sus cambios y contrastes de tono me dejaron frío; su ímpetu, aparentemente desmadroso, tiene la artificialidad calculada de un comercial de perfume.

Como una comedia sobre la incipiente amistad entre dos hombres, la película me pareció cursi y manipuladora, dispuesta a emplear herramientas gastadas para conmover al espectador: dulces melodías, iluminación cálida y hasta secuencias en las que Hank monta espectáculos de sombras con marionetas para narrarle películas de su infancia a Manny. Como comentario sobre la masculinidad reprimida me pareció burda: un alegato a favor de expresar tus sentimientos sin filtro, tirarte pedos y dejarte guiar por los genitales (literalmente). Como sueño febril de Hank, un demente cuyo mayor problema en la vida es que nunca le dirigió la palabra a una chica que le gustaba, tal vez funciona mejor, aunque asumo que los Danieles buscaban algo más profundo que retratar el patetismo de un guiñapo infantiloide.

Si bien está al servicio de esta mescolanza de géneros y registros, sería injusto no admirar el compromiso con el que Radcliffe encarna a Manny. Sin el uso de sus brazos, piernas o la mayoría de los músculos de la cara, el actor británico emplea su voz y su mirada para transmitir deseo, enamoramiento y, en varios momentos, la angustia de un bebé que apenas reconoce los peligros naturales de la vida.

Como videastas, los Danieles se caracterizan por transformar una circunstancia común y corriente en una escena absurda, exagerada o amenazante: échenle un ojo al video que hicieron para Battles, donde una escalera eléctrica en un centro comercial convierte a un comprador en Sísifo, o a su célebre video para la canción Turn Down for What, donde los inquilinos de un edificio enloquecen al entrar en contacto con sus vecinos de arriba. Swiss Army Man mantiene algunas de estas virtudes subversivas, dándole un aspecto asqueroso a Manny aunque ya haya empezado a humanizarse, o transformando un claro del bosque en un rave de marionetas y espantapájaros.

Estas cualidades no rescatan a Swiss Army Man. En la navaja multiusos de los Danieles hay de todo, salvo complejidad y coherencia.

Twitter:@dkrauze156

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