Opinión

Sustos

  
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Hillary en el memorial 11 de septiembre.

Si usted ve redes sociales en domingo, pudo haberse llevado un gran susto hace un par de días. El domingo por la mañana Hillary Clinton se sintió mal en uno de los eventos organizados para recordar el 11 de septiembre, y debió abandonarlo. Sin embargo, hubo quien filmó el momento en que debía subir a su camioneta, y todo el mundo pudo ver su frágil situación. Aunque no se percibe con claridad, parece haber caído justo antes de subir a su camioneta.

Un par de horas después, Hillary salió de casa de su hija, muy sonriente y con todo el ánimo de mostrar que está en perfecta salud. Sin embargo, su comité debió aclarar que desde el viernes se le está tratando por neumonía, y que las medicinas, sumadas a las varias horas en el evento mencionado, provocaron su desmayo. Ya en la semana había tenido un acceso de tos en un discurso, y eso lo aprovecharon sus adversarios para poner en duda su salud. Lo del domingo, en ese contexto, fue terrible.

Pero tal vez es más sorprendente que Donald Trump no aprovechó la situación. A diferencia de otras ocasiones, cuando ha publicado tuits con rapidez, ahora no hubo nada. Tal vez porque su salud también está en duda. Es mayor que Hillary, y ha cumplido ya setenta años. Ha prometido presentar un reporte médico, pero no ha cumplido aún.

Pero, además del evento del fin de semana, Hillary ha tenido dificultades recientemente. Le cuesta trabajo argumentar bien acerca del famoso problema de los mails (siendo secretaria de Estado utilizó un servidor de correo electrónico externo a la secretaría, sin las medidas de seguridad necesarias), y además le filtraron una opinión en reunión de posibles aportantes en donde opina que la mitad de los seguidores de Trump son una “canasta de deplorables”. Esta afirmación, que puede tener razón vista al revés, es decir, defendiendo a la mitad de los seguidores de su oponente como personas que no necesariamente son racistas, tiene la desventaja de que una muy similar fue utilizada hace cuatro años por Mitt Romney, y le costó tal vez lo suficiente como para perder contra Obama.

La parte angustiante para nosotros, y para todo el mundo, es que lo único que puede evitar que Donald Trump sea presidente de Estados Unidos es un triunfo de Hillary, de forma que si su salud no es ideal, o si no puede defender su pasado o evitar deslices, estamos en serios problemas.

Más allá de estos sustos, todo parece indicar que no hay cambio importante en las preferencias de los votantes y en la probabilidad de triunfo de Clinton. Aunque el mismo domingo tuvo una caída de cuatro puntos en el mercado electrónico de Iowa, para el lunes esto ya había desaparecido. Los momios siguen más o menos 70-30, y podríamos estar tranquilos.

Pero no lo estamos por dos razones. Una es que Clinton pudiera sufrir un serio traspié. Por eso, dentro de dos semanas, 26 de septiembre, vamos a estar todos atentos al primer debate presidencial. Es fundamental que Clinton tenga un muy buen desempeño.

La otra razón es que no sabemos si los votantes potenciales van o no a asistir a las urnas el 8 de noviembre. En alguna encuesta dicen que 91 por ciento de los seguidores de Trump piensa votar, contra sólo 80 por ciento de los seguidores de Clinton. Si es así, ella pierde. Y eso sí no lo sabremos hasta el día de la elección, a menos que Clinton produzca entusiasmo entre sus seguidores, algo que hasta hoy no ha logrado. A seguir sufriendo.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.


Twitter: @macariomx

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