Opinión

Suspirantes en tropel

 
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Banda. (FayerWayer)

Que se tenga memoria, nunca como ahora, en la historia política de México, se ha tenido tan nutrido y diverso contingente de suspirantes a la máxima magistratura de la nación: políticos profesionales, académicos, intelectuales, comunicadores o ciudadanos comunes, que se suman día con día y a temprana hora, externando su anhelo por una candidatura.

En las últimas décadas hemos transitado de la figura del candidato único, de selección heredada y de estilo monárquico, a la frívola y onerosa desbandada de juanitos. Pero ¿a qué se debe tan singular circunstancia?

Podría argumentarse que es una loable manifestación de apertura democrática y libre competencia política, o bien, por el contrario, la expresión del deterioro de la calidad democrática del sistema político que, de manera recurrente, falla a las expectativas sociales e incumple las promesas de cada ciclo, abriendo la puerta a cualquier opción por banal que sea, con la ilusión, siempre renovada, de solución y cambio.

La propuesta virtuosa como bandera electoral, ha cedido el espacio a la diatriba y a la mutua exposición de vicios entre institutos políticos y candidatos. El desencanto ciudadano se ha tornado en la fuente argumental de campaña y la desesperanza en el principal filón del voto, que conduce a una selección negativa, no del mejor, sino del menos malo. Las encuestas, también desprestigiadas, han pasado de ser un instrumento de medición a un medio de promoción e inducción de la preferencia.

La frágil confianza ciudadana se ofrece tentadora como botín para cualquiera con ánimo de explotar el desencanto y dispuesto a perseverar en la aventura, por mínimas que parezcan sus opciones. El riesgo es nulo y la ganancia mucha.

Puestos en la antesala del inexorable y recurrente desenlace de cada periodo sexenal, el nutrido contingente se apresta a la batalla, cual océano rojo, plagado de depredadores donde la presa mayor es el vulnerable, candoroso y esperanzado ciudadano.

Correo:grhhuizar@gmail.com

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