Opinión

Suprimir prerrogativas a los partidos

  
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    Aristóteles Sandoval 

 

Saqueos en Los Cabos

Las crisis ponen nuestro temperamento a prueba. Las crisis provocan ansiedad social, pero también nos obligan a tomar las decisiones que hemos postergado por largo tiempo. Hoy vivimos un momento difícil, y es tiempo de asumir responsabilidades impostergables.

En esa línea, he propuesto en Jalisco medidas que van desde la protección del poder adquisitivo de las familias de la entidad, evitando cualquier aumento al transporte público, hasta plantear la eliminación total de las prerrogativas económicas que reciben los partidos políticos en años no electorales.

Sobre esta última, que se formula a través de dos iniciativas, la primera que, vía el Congreso local, busca alcanzar el Congreso de la Unión para modificar el artículo 116 constitucional para que el financiamiento de las actividades ordinarias de los partidos deje de ser obligatorio; y la segunda, que se remite a adecuar la legislación local en este mismo sentido. Pongo sobre la mesa los siguientes razonamientos:

1. El dinero no es infinito y en un tiempo de incertidumbre económica, mi gobierno se pone del lado de quienes más padecen estos efectos. Nunca negaré que la participación democrática y el ejercicio del sufragio constituyen derechos políticos que deben ser garantizados; sin embargo, ello no quiere decir que el financiamiento a los partidos políticos sea el único mecanismo para hacerlo. Más aún, en la ponderación de derechos, siempre estarán por encima derechos fundamentales como el acceso a la salud, educación o vivienda, por mencionar algunos, mismos que, año con año, ven reducidas sus asignaciones presupuestales.

2. A diferencia de los días en que se autorizó el financiamiento a los partidos políticos buscando con ello garantizar pisos mínimos de equidad entre fuerzas políticas e impulsar la representación de la pluralidad, hoy uno de esos pisos mínimos, como es el acceso a medios de comunicación masiva, está plenamente salvaguardado, toda vez que, desde la reforma de 2007, se aseguró la difusión de los partidos políticos y sus eventuales candidatos mediante el uso de tiempos oficiales. Más aún, hoy en día en los medios digitales, los partidos políticos tienen un canal abierto de interacción con militantes y simpatizantes sin que para ello medie algún tipo de transacción comercial. Así las cosas, hoy en día los partidos políticos no deben competir en ver quién derrocha más recursos públicos, sino en imaginación y creatividad para seducir a los ciudadanos.

Establecido lo anterior, ¿por qué no suprimir las prerrogativas a los partidos políticos? ¿Por qué no hacerlo cuanto más en tiempos de crisis?

Considero que el gobierno y la clase política no son –y no deben ser– nunca inmunes a los efectos de una crisis. ¿Cómo le explico a un jalisciense que mientras ellos enfrentan todo tipo de dificultades económicas, los partidos políticos viven en una burbuja como si nada pasara? ¿No es precisamente esta actitud la que nos aleja de aquellos a los que debemos representar?

No podemos pensar en una reconciliación de la sociedad con la clase política si en ello no media la mínima empatía. Retirar el financiamiento público a los partidos ofrece una salida que, más allá del ahorro –270 millones de pesos en el caso de Jalisco– nos permite sintonizarnos con el sentir de la sociedad.

Los partidos tienen todo el derecho a recibir aportaciones de sus militantes, esto es, de quienes por convicción decidan aportar recursos propios al sostenimiento de un ente político con el que tienen afinidad. Esta opción, en aras de equidad, debería hacerse extensiva a las candidaturas independientes, mismas que hoy día compiten en situación desigual.

Nada más en Jalisco, los 270 millones de pesos que dejarían de llegar a las arcas de los partidos, podrían traducirse en: calentadores solares y focos ahorradores para zonas vulnerables, conversión de unidades de transporte público a gas natural y fortalecer la red de programas de protección social como los bienevales, que hoy hacen de Jalisco el estado que más ha reducido la pobreza desde 2013.

Es cierto, en tiempos de dificultades, la unidad y la confianza son esenciales para enfrentar juntos los desafíos que vienen. Sólo lograremos unidad en la empatía. Y ganaremos confianza con congruencia.

* El autor es gobernador de Jalisco