Opinión

Superficial, racista, peligroso y candidato presidencial

 
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ME Trump feliz (Especial)

Cuando el 16 de junio del año pasado, uno de los aspirantes a la candidatura del Partido Republicano de Estados Unidos nos calificó de violadores y criminales, todos levantamos la ceja. ¿Quién es ese Donald Trump? nos preguntamos y la respuesta la encontramos rápidamente: es hijo de un empresario inmobiliario de Nueva York; a los 13 años, tras tener problemas de conducta que lo llevaron a la expulsión, sus padres lo enviaron a la Academia Militar de NY.

En 1988 adquirió con bonos basura el Taj Mahal Casino lo que, por ignorante, lo llevó a una bancarrota y tuvo que ceder el 50 por ciento de las acciones para obtener tiempo para pagar. Más tarde se dedicó a jugosos intercambios de compra y venta de inmuebles hasta amasar una fortuna. Ya enriquecido compró los derechos del concurso Miss Universe y realizó negocios como la Trump World Tower, Trump Hotel Las Vegas, Trump Ocean Club y la cadena de hoteles Trump en varias ciudades como los de Chicago, Toronto y Dubái y diversos casinos que, como todas sus propiedades, son antecedidas por su nombre para demostrar la robustez de su ego. Es dueño de un equipo de futbol en Nueva Jersey, diversos campos de golf, patrocina encuentros de box y la carrera ciclista Tour de Trump.

Desde 2009 ha hecho declaraciones tronantes contra China, pues dice que el cambio climático es un invento de esa nación para desprestigiar a EU.

En 2005 estrenó en televisión un reality show en el que aspirantes a empresarios, generalmente regañados y supeditados a su caprichoso temperamento, pueden ganar hasta 250 mil dólares y encontrar acomodo laboral en alguna de sus empresas. Quiso ser gobernador de NY en 2006 y 2012 hasta que finalmente, en 2015, se enlistó entre nueve aspirantes a ocupar el cargo de candidato republicano. A grandes zancadas, este es el ungido por los republicanos. Una anguila de los negocios.

Trump lleva siete años y ocho meses hostigando a Barack Obama al que difamó señalando que no era norteamericano y más tarde ha puesto en sus hombros, todos los problemas que tiene la nación americana: la baja en el comercio mundial, la aparición del Estado Islámico y la consecuente violencia hasta la ineficacia de ciertas vacunas contra la gripe. En forma decidida, ha contribuido a los profundos recortes de lo que fuera el estado de bienestar así como impedir las leyes de migración. En suma, se ha propuesto desmontar el legado de Barack Obama y volver a rebajar a los habitantes de color en EU… y en el mundo.

Cuando habla de erigir un muro en la frontera con México, parece ignorar que, de los 3 mil 200 kilómetros que nos separan, ya existen obstáculos en forma de alambradas y paredes en cerca de un mil 50 kilómetros que no sirven para impedir totalmente el acceso de quien tiene necesidad de mejorar su nivel de vida. Desconoce los beneficios de la inmigración hispana en la economía yanqui y en muchos aspectos sociales y culturales. Habla genéricamente de planes pero nunca hay propuestas concretas sobre los ámbitos educativos, de salud o de incorporación de las nuevas tecnologías.

Su fuerte repetido a la N, es hacer grande a EU mediante la creación de empleos, revitalizar al ejército e imponer orden y con ello alcanzar la grandeza; en sus propias manifestaciones, si fuera necesario, arrasar el planeta. Sus palabras arrancadas de la inspiración de Adolfo Hitler que le permitió llegar al poder por la vía de los sufragios; Trump maneja idénticas frases, (véase “Mi Lucha”). Permear primero y sacudir después a los trabajadores, clases medias y franjas de ignorantes champurreadas con doctrinas semirreligiosas y sectas oscurantistas.

¿Lo imaginamos con el absoluto mando nuclear?

La relación de México con EU se ha construido a través de muchos años y con el esfuerzo de numerosísima gente para el beneficio de ambas naciones. Eso desaparecerá si en noviembre Donald Trump alcanza la presidencia. No hay duda, comenzará una gigantesca pesadilla.

Twitter:@RaulCremoux

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