Opinión

Sueños de verano

 
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Trump calificó como una vergüenza la decisión de Ford de invertir mil 600 millones de dólares en México. (Bloomberg)

Termina la temporada de elecciones primarias, luego de un año en que quienes buscan la candidatura de los grandes partidos han recorrido el país varias veces. En las siguientes seis semanas los finalistas tendrán que asegurar la lealtad de los delegados, evitar que las reglas de la convención los perjudiquen y negociar la redacción de la plataforma con innumerables grupos de interés. Deberán conseguir donativos, escoger cuidadosamente a su compañero de fórmula, reorganizar su equipo, discutir el diseño de la campaña y ensayar su discurso de aceptación de la candidatura. Después vendrán los cuatro días frenéticos de la convención y tres meses de intensa campaña.

Para aguantar ese ritmo de trabajo se tomarán la siguiente semana para descansar. Supongo que eso les permitirá tener dulces sueños.

Será un gran alivio para Hillary, que durante meses ha tenido una pesadilla recurrente. Va conduciendo su coche plácidamente en la noche tibia y despejada cuando, de repente, observa por el espejo retrovisor unos faros que se acercan. Como no quiere ser alcanzada acelera, pero el que viene atrás, que tiene placas de Vermont, también lo hace y le echa las luces altas. Cuando siente que la va a rebasar, ella se le cierra pasándose al carril izquierdo y empieza a zigzaguear peligrosamente.

Finalmente, cuando parece haberlo dejado atrás, se despierta sudando frío.

Ahora la ex Primera Dama podrá tener ensoñaciones más agradables. Por ejemplo, que el señor del coche, Bernie Sanders, reconoce que ella es mejor piloto y se sube a su carro con sus jóvenes y entusiastas seguidores. O que su rival republicano sigue mostrando ignorancia política, diciendo tonterías y ofendiendo a personas de diferentes razas, religiones, nacionalidades, preferencias y ocupaciones, suscitando el rechazo general. O que por fin la dejan en paz con tantos chismes y acusaciones y logra, con una imagen más fresca, centrar el debate en sus propuestas y convertirse en la primera mujer en la Presidencia de EU.

Los sueños de Donald Trump acostumbran ser muy elaborados y con la excitación de la competencia se han vuelto francamente extravagantes.

Fantasea que Mitt Romney y los conservadores más recalcitrantes finalmente lo respaldan (aunque sea para que la otra no gane) y que Colin Powell acepta ser su vicepresidente. Se ilusiona con que Dick Morris, exitoso estratega de la campaña de 1992, que luego se enemistó con los Clinton y les conoce todos sus puntos débiles, acepta trabajar para él y descubre un nuevo lío de faldas de Bill. Alucina con llegar a un debate con su contrincante, decirle personalmente “crooked Hillary” y que ella tenga un ataque de histeria feminista en red nacional.

Delira imaginando que una semana antes de las elecciones, musulmanes que entraron por la frontera con México realizan un acto terrorista y simultáneamente agentes del FBI se llevan esposada a Hillary, acusada de poner en riesgo la seguridad nacional por su descuido con los mensajes de texto. Como si estuviera despierto, ve en la Casa Blanca un letrero con la palabra TRUMP en la fachada y la Oficina Oval remodelada con columnas griegas, picaportes de oro y una gran foto de Melania.

El “sueño americano” es un elemento esencial de la cultura estadounidense. No hay político que no lo tome como referencia. El primer anuncio de televisión en esta campaña se llamó “The american dream.Hillary Clinton writing a new chapter” y el más reciente de Sanders fue “Dream” (con una canción de Brandi Melissa Miller).

El concepto es sencillo: Estados Unidos es un país de oportunidades; quienes se esfuerzan puedan mejorar su vida y dejarle un patrimonio a sus hijos. Desgraciadamente en estos momentos esas oportunidades han disminuido. La tecnología desplaza empleos y la globalización capitales. El estado de bienestar dejó de ser viable, al menos como lo conocíamos, con servicios gratuitos y ayudas paternalistas. Para los políticos lo más cómodo es engañar a los electores, seguir vendiendo sueños irrealizables y no reconocer que debe haber cambios y sacrificios.

Las campañas electorales deben ser momentos de reflexión colectiva y no subasta de quimeras. Porque no importan los sueños de políticos sino que los de la gente se hagan realidad.

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