Opinión

Sudáfrica, hacia una nueva transición

  
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election South Africa

Mientras los reflectores se concentran en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro –con justa razón–, otro integrante del grupo de los BRICS, Sudáfrica, vive transformaciones importantes. Las elecciones municipales y distritales del miércoles 3 de agosto podrían suponer el inicio de una nueva etapa en la democracia sudafricana. A pesar del carácter local de la votación, la mayoría de los analistas políticos consideraron que fue un referéndum sobre el mal desempeño del gobierno que encabeza el presidente Jacob Zuma.

Desde la caída del apartheid en 1994, la república de Sudáfrica se convirtió en una democracia multirracial, con la participación formal de todos los grupos étnicos (negros, blancos, mestizos y asiáticos), a pesar de las tensiones raciales que se mantienen vigentes. El Partido del Congreso Africano (ANC, por sus siglas en inglés), se volvió el hegemónico bajo el liderazgo del primer presidente negro de Sudáfrica, Nelson Mandela.

La novedad más importante de las elecciones municipales más recientes fue que, por primera vez desde su ascenso al poder, el ANC cayó en el favor de los ciudadanos, al pasar de 61% en los comicios de 2011 a 54% en los de este año. El partido oficial perdió en Pretoria, la ciudad capital, en Johannesburgo, la más poblada, y también en Nelson Mandela Bay (Puerto Elizabeth), otrora una de sus plazas fuertes. De las 8 municipalidades metropolitanas, varias tendrán gobiernos de coalición que pondrán a prueba la gobernabilidad.

El descenso del ANC se explica, como en el resto del mundo, por el desgaste natural del partido en el poder en un entorno económico desfavorable. El crecimiento económico de este año es menor a 1% (0.6% en junio), insuficiente para paliar la tasa de desempleo que alcanza casi 27% y para garantizar las esperanzas de muchos de formar parte de la clase media. La derrota relativa del ANC tiene como características específicas: el abstencionismo de las clases populares y rurales –el principal apoyo electoral del partido gobernante–, el reordenamiento de las preferencias electorales a partir de características raciales –al ANC ya no se le considera el partido natural de la mayoría negra, ni a la oposición oficial, la Alianza Democrática, el partido de los blancos– y el hartazgo con un gobierno que se percibe como corrupto e ineficaz. El presidente Zuma contribuye en gran medida a estas percepciones. Zuma, quien gobierna desde 2009, fue compañero de lucha de Mandela cuando el ANC estaba proscrito, cuenta con entrenamiento militar en Rusia, fue jefe de la inteligencia del ANC en el gobierno de éste, y vicepresidente con Thebo Mbeki, pero también ha enfrentado acusaciones de corrupción, de desvío de fondos y de violación a una mujer.

Los dos principales partidos opositores han capitalizado el voto anti-ANC y contra Zuma. Alianza Democrática, de orientación liberal, ha crecido de manera consistente con el paso de los años. Pasó de 24% de los votos en las elecciones de 2011 a 27% en las de 2016. El tercer partido, “Luchadores por la Libertad Económica” (Economic Freedom Fighters, EEF), que encabeza el controvertido Julius Malema, que se desprendió del ANC y presume inspiración socialista, obtuvo 8% de los votos en estas elecciones. Ambos partidos, situados respectivamente en las antípodas del espectro político, podrían forjar alianzas estratégicas.
Para nosotros, mexicanos, este escenario es familiar: conocemos el éxito de las coaliciones entre los principales partidos de oposición para enfrentar al otrora partido hegemónico.

El ANC es todavía el partido político más fuerte en el país, pero la organización se encuentra dividida en numerosas facciones, algunas hostiles a mantener a Zuma en la Presidencia. En un año será la convención nacional del partido donde se elegirá a un nuevo líder. Hacia las elecciones de 2019 aumenta la competencia entre partidos y se abre la puerta a la alternancia en el poder Ejecutivo en el mediano plazo.

A pesar de la percepción de crisis, estas elecciones pusieron en el centro las preocupaciones por combatir la corrupción y fortalecer a las instituciones. Sus resultados son signo de la madurez que ha alcanzado la joven democracia sudafricana. Las elites gobernantes de ese país bien podrían voltear hacia Latinoamérica para observar los nuevos equilibrios que han experimentado los países de la región desde sus aperturas democráticas.



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@lourdesaranda

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