Opinión

Subsidios agrícolas
en reversa

 
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Campo

Como todos los años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos publicó su reporte de seguimiento de las políticas agrícolas de 50 países miembros y no miembros (OECD Agriculture Policy Monitoring and Evaluation 2016). Entre las aportaciones más valiosas de ese trabajo destacan las estimaciones de los subsidios que canalizan los gobiernos a productores y consumidores de bienes agropecuarios, las cuales permiten realizar comparaciones entre países y analizar su evolución en los últimos 25 años. Ello es relevante ya que los subsidios son un factor determinante en la competitividad internacional de los productos agropecuarios y en las disputas comerciales, cuando se trata de subsidios a las exportaciones.

Asimismo, dependiendo de cómo se otorgan o canalizan los subsidios, además de un complemento al ingreso de los productores (o menor gasto de los consumidores), pueden ser altamente distorsionantes de los precios de los productos y, por tanto, de las decisiones de producción y de inversión.

En 2013-2015 el apoyo de los gobiernos de los países analizados ascendió a 585 mil millones de dólares por año en promedio y representó aproximadamente 17 por ciento de los ingresos totales de los productores, es decir, de cada peso éstos recibieron casi una quinta parte, vía subsidios. Además, 68 por ciento se canalizó como apoyos al precio de mercado, a la producción o al uso de los insumos, mecanismos que generan elevadas distorsiones en los mercados y en el comercio. En los últimos años, entre los países con mayores flujos de comercio exterior, Estados Unidos y la Unión Europea registraron una disminución del apoyo a sus productores, mientras que Brasil, China e Indonesia lo incrementaron (y representó entre 20 y 25 por ciento del ingreso de los productores). De los países con subsidios más elevados destacan Japón, Corea, Islandia, Noruega y Suiza, donde los apoyos se ubicaron entre 40 y 70 por ciento de los ingresos totales.

En 2015 el subsidio al productor en México representó 9.2 por ciento del ingreso de los productores, con lo que se situó por debajo del promedio de los países analizados y del de los miembros de la OCDE y se redujo con respecto al registrado en 2013 y 2014 (10.9 y 10.4 por ciento, respectivamente). Sin embargo, aumentó la participación de los subsidios que generan mayores distorsiones de mercado: los apoyos al precio (vía Aserca y básicamente destinados a granos en el norte del país) se incrementaron de 12.8 por ciento del total en 2014 a 15.4 por ciento en 2015 y los que apoyan el uso de insumos (concentrados en electricidad para bombeo agrícola) de 20.4  a 22.4 por ciento en ese periodo. En contraste, los subsidios que se destinaron al apoyo a la formación de capital (inversión) disminuyeron de 32.4 a 28.2 por ciento, entre esos años. También se redujeron de manera importante, incluso en términos nominales, los apoyos al desarrollo y mantenimiento de infraestructura agropecuaria.

Esto es, en los últimos tres años la política de subsidios fue en sentido contrario a lo que hubiera sido deseable y consistente con un sector agropecuario más competitivo, menos dependiente de recursos públicos y más eficiente. En ese sentido, la OCDE plantea que después de las reformas de principios de los 90 y la reducción de las distorsiones de precios y de la participación de los apoyos en los ingresos agrícolas, desde 2000 esas tendencias se ha revertido parcialmente, en particular, por los subsidios a la electricidad y a las coberturas de precios.

De ahí que recomienda: realizar inversiones estratégicas en productividad, sustentabilidad y rentabilidad, lo que implica un cambio de subsidios hacia mayores apoyos a la adopción de nuevas tecnologías, a la transferencia de conocimiento, sanidades e infraestructura; eliminar gradualmente los subsidios a bombeo agrícola; y eliminar los subsidios a las coberturas de precios y sustituirlos por apoyos para adquirir seguros catastróficos. Aunque la complejidad está en los cómos, las recomendaciones —que no son nuevas ni originales— van en la dirección correcta.

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