Opinión

Subcomandante Marcos, ¿héroe o villano?

Primero de enero de 1994. Una noticia cimbra al gobierno encabezado por Carlos Salinas de Gortari y a la población en general. El autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional –EZLN– declara la guerra al gobierno mexicano y camina por las calles de San Cristóbal de las Casas armado con fusiles, muchos de ellos de palo. Indígenas de la región, encabezados por un hombre encapuchado que se hace llamar Subcomandante Marcos, acaparan la atención nacional e internacional por esa hazaña que dicen toma por sorpresa –lo que no era cierto, pues ya conocían este Movimiento– al gobierno mexicano.

Los indígenas chiapanecos ocupan ahora un lugar en la opinión pública que nunca habían alcanzado. Su rebelión ocasiona reacciones que van a los extremos: rechazo del gobierno y de una parte de la sociedad y admiración de otra parte de esa misma sociedad, quienes ven cómo salen a la luz pública las inmensas injusticias en las que hemos incurrido con aquellos, los indígenas –o los pueblos originarios, como muchos de ellos desean que los llamemos– a través de los años. Ellos, nuestros hermanos indígenas, eran los dueños de nuestro querido país hasta la llegada de los españoles. Ahora, después de más de 500 años, los mestizos dominamos el panorama, pero los indígenas siguen sumidos en su miseria y en lo que más les duele: la exclusión, o dicho en otros términos, la discriminación de la que son objeto.

Marcos hizo un gran favor a los indígenas, incluyendo la incorporación a la Constitución de un artículo, el segundo, que habla específicamente de sus derechos. Pero pudo haber hecho mucho más a favor de aquellos a los que tanto amaba.

Hombre carismático, inteligente, con estudios universitarios. Líder nato con una gran capacidad de comunicación a través de su voz o de sus escritos, pues entre otras cosas tenía –o tiene, más bien– una indudable capacidad literaria que ha manifestado a través de un buen número de libros escritos por él. No sólo en México, sino también fuera de nuestro país, las expresiones de Rafael Sebastián Guillén, el Subcomandante Marcos, eran esperadas y analizadas con cuidado. Expresiones envueltas frecuentemente en un lenguaje superficial y vacilador.

Veinte años en los que la figura de Marcos ha estado presente. Pero han sido veinte años durante los cuales desaparecía por largos períodos de tiempo de la escena pública, corriendo rumores de que había enfermado gravemente o que había muerto. Veinte años en los que, basado en su indiscutible carisma y liderazgo, podría haber hecho más, mucho más a favor de los pueblos originarios no sólo de Chiapas, sino de todo México. Ahora Rafael Sebastián Guillén anuncia su retiro del EZLN para dejar en manos más jóvenes el liderazgo.

¿Qué podemos hacer aquellos que amamos a los hermanos indígenas? 1) Dar a conocer las condiciones en las que viven: su pobreza, su exclusión y, muy particularmente, la indignante educación que reciben –la peor de la ya de por sí mala educación que padecemos en México– cuando debieran recibir la mejor para colaborar en el cierre de la enorme brecha de la desigualdad que padecemos en nuestro país. 2) Hacer del conocimiento público y posicionar para nuestro orgullo como mexicanos, la grandeza de la cultura indígena, sus tradiciones, su sabiduría, su historia. 3) Promover a través de la sociedad mexicana, que ellos, los indígenas, los pueblos originarios, se sientan orgullosos de serlo y lo demuestren a través de sus expresiones culturales. 4) Integrar sus productos a las cadenas de valor, mediante la colaboración de los sectores público y privado, particularmente el empresarial, como un medio para que salgan de su pobreza a través de su propio esfuerzo. 5) Impulsar al gobierno hacia el descubrimiento de las miles de zonas arqueológicas que están todavía ocultas y hacer de ellas invaluables fuentes de trabajo y riqueza para los pueblos originarios. 6) Dar a conocer al mundo, en forma original y creativa, la riqueza cultural y espiritual de los indígenas, aprovechando los medios modernos de comunicación.

Tenemos una gran deuda con nuestros pueblos originarios. Si la saldamos, todo seremos ganadores ya que habremos atacado la pobreza en sus raíces, en sus bases, en sus causas y no sólo en sus consecuencias.

Marcos, el Subcomandante Marcos, anuncia su retiro. No es ni héroe ni villano, simplemente es un líder que pudo haber hecho más, mucho más, por aquellos a los que indudablemente amó, pero que no atendió con todo el alcance y toda la fuerza que tuvo a la mano.

Todos somos Marcos y debemos llevar a buen término la obra que no quiso, no pudo o no fue capaz de concluir. Nuestros hermanos indígenas merecen eso y más, mucho más.

El colaborador es presidente de Sociedad en Movimiento.

Correo: alberto.nunez33@gmail.com