Opinión

Subasta

Gil acusa cansancio. El fin del año se le viene encima como pesada sombra. La memoria hace con nosotros lo que le da la gana (lo que se llama prosa poética). Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se enteró no sin escalofríos de que el Banco de México pondrá a subasta 200 millones de dólares cada día, si fuera necesario, para detener la caída del peso.

Ante la volatilidad del mercado de divisas, la Comisión de Cambios reactivará la venta de dólares. Gamés sufrió una especie de soponcio pues su edad le permite recordar tremendos episodios relacionados con la depreciación del peso ante el dólar.

Mientras Gil oía al expansivo gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, discurrir sobre los caminos de la vida del peso mexicano, Gamés recordó cosas horribles. Cada vez que hay alguna presión importante sobre el peso y salen a relucir algunas palabrejas traídas de los manuales de economía, Gil recuerda los terribles años de la devaluación del peso. Así son los traumas: el final del sexenio de Echeverría, que pulverizó nuestra moneda; el sexenio de López Portillo y los mexdólares, catástrofe que ocurrió después de que semejante pillastre declaró que administraríamos la abundancia.

Aquellos sexenios improductivos, corruptos y nefastos precedieron al de Miguel de la Madrid, aquel tiempo infame. Renovación moral, anjá, a algún genio corruptales se le ocurrió renovar la moral. Que a Gil el recuerdo se le haga chicharrón por traer al presente aquellos años terribles.

La chafaldrana

No vayamos a empezar con que el precio del petróleo bajó hasta límites inenarrables, motivo por el cual se fastidió la chafaldrana. Sí, la chafaldrana es esa parte de algo que puede ser cualquiera y que una vez decompuesta lo descompone todo. Si añadimos a esto el momento político, Gil se pone nervioso como un neurótico y espera que no se descarrile la economía.

El crudo, que no forma parte de los amigos verdaderos, ha perdido 40 por ciento de su poder y sólo Dios sabe si seguirá su loca carrera hacia los sótanos. Enrique Quintana nos ha explicado en sus “Coordenadas” de su periódico El Financiero que se trata de un pleito entre Shale y las arabias. Dice Quintana que una caída prolongada en los precios del crudo, probablemente pudiera ocasionar una crisis financiera en Rusia y pudiera ser la puntilla del régimen chavista de Venezuela.

Caracho, vuela la mosca petrolera y sobrevienen crisis económicas y políticas.

Pero Gamés está convencido de que la Virgen Morena no permitirá que nada malo nos pase a los mexicanos con petróleo barato, casi regalado. Tan barato que se le llamará postróleo. El barril de postróleo a dólar, me da cinco para llevar.

Ahora mal, según Quintana, este asunto trae una cara buena y una cara mala para México. La mala golpea, con todo y la Guadalupana de nuestro lado, la reforma energética pues “aunque los menores precios bajan la rentabilidad en todos los proyectos, el impacto es mucho mayor en todos los de shale o aguas profundas y menor en aguas someras y campos maduros”.

La verdad, Gil va a tomarse unos tragos someros para olvidar semejante desgracia. No le hagan caso a Gamés, que se pone muy necio, pero este asunto se ve color de hormiga. La buena es que las gasolinas bajarán de precio y eso mejorará las finanzas públicas. Me da un Magna doble en las rocas, por favor, este trago está saliendo muy bueno y muy barato.

Azar

El azar le ha jugado sucio a Peña Nieto. Sí, el azar siempre juega un papel primordial rumbo al destino, pero Gil no olvida que durante el primer año del gobierno de Peña, la economía pasaba por una atonía (así se le decía antes) tremenda. No soltaban el dinero por dos razones: o porque no había dinero o porque no les daba la gana favorecer a sus opositores con dineros públicos. ¿Se acuerdan? Parece que han pasado mil veranos.

Y el otro espejismo, un oasis producto de la alucinación: según el gobierno, la inseguridad descendía y en consecuencia no aparecía en los medios. La economía ha sufrido un revés y la violencia volvió a los diarios por cuenta propia. A Gilga le urge un trago somero. Si se puede dos, mejor.

La máxima de Benjamin Franklin espetó dentro del ático: “El que vende lo superfluo, pronto tendrá que vender lo necesario”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX