Opinión

Su paso por la capital

 
1
 

 

AMLO

Cada ocupante de la presidencia de la República tiene bajo su resguardo la potestad y fortuna de diseñar los planes de desarrollo del país, y el trazo de líneas y directrices conforme a las cuales se desenvuelva hacia el futuro; por eso, no es extraño que cada ocupante de la residencia de Los Pinos tenga el legítimo deseo y vocación de preservar ese proyecto de nación que, en su fuero interior y conforme a las acciones oficialmente desplegadas, hubiera dibujado.

Basado en esta tesis, estimo injustos los señalamientos que critican el mensaje que lanzó EPN al dar lectura a su V Informe de Gobierno, al advertir que México podría enfrentar el año entrante un retroceso hacia modelos fallidos que han sido superados, porque en el fondo, protege una visión de país que empezó a construirse hace una treintena de años, que él ha preservado, y que además está dando resultados.

Si para defender ese privilegio presidencial debiéramos efectuar un análisis comparado, bastaría recordar cómo durante el proceso de elecciones en Estados Unidos el año pasado, el mismo presidente Obama aludió a la falta de capacidad del entonces candidato Donald Trump para asumir funciones de tan importante trascendencia como las que realiza el ocupante de la Casa Blanca.

Como quiera que sea, la replica no se dejó esperar y el candidato aludido, AMLO, inmediatamente ha salido a dar la cara y a desmarcarse de las imputaciones hechas a su proyecto de gobierno, asegurando que no conducirá al país por el sendero del chavismo, el que dice se usa en su contra para provocar miedo entre el electorado.

Estimamos que, en cierta forma, el ex jefe de gGbierno de la capital tiene un punto de razón. Probablemente sea verdad que bajo su mando México no debería de llegar a sufrir los estragos que hoy atraviesa Venezuela, sencillamente porque no podría. Contamos con instituciones muy consolidadas que no permitirían una prolongación del mandato más allá del periodo de seis años conforme al cual el ejercicio de la función ejecutiva ha sido constitucionalmente concebida, y él mismo lo sabe.

Virtualmente podría confirmarse la misma situación con relación al vasto paquete de reformas concebidas en este sexenio dentro del Pacto por México, porque éstas encuentran su génesis en el marco de la Constitución. Si Morena ganara la presidencia, necesitaría del voto de dos terceras partes del Congreso y la mayoría de las legislaturas estatales para retrotraerlas, supuesto que en el juego de distribución de fuerzas no se podría llegar a dar.

Así las cosas, yo sí creo en la palabra de AMLO al decir que bajo su mandato México no sería como Venezuela. El problema entonces tiene que ver con el modelo que sí se llegaría a imponer, y es ahí cuando surge una contestación ineludible a la pregunta que nadie puede dejar de valorar: AMLO será él mismo como cuando gobernó la capital, y ese legado sí me llega a preocupar.

El ejemplo de lo que podría estarse gestando para las generaciones por venir, no es otro sino el mismo que fue construido, opera y tiene ocupada a la Ciudad de México, en donde la izquierda vive enquistada desde hace una veintena de años.

Lo que Morena representaría en el gobierno de la República es lo mismo que ha significado en la capital: opacidad en el manejo de los recursos públicos (como el resguardo de la información referente a la construcción del segundo piso); confrontación y debilitamiento de las instituciones (como el desacato de las resoluciones judiciales en El Encino); desvío presupuestal para el mantenimiento de programas clientelares (como adultos mayores); fomento de la informalidad (como ambulantaje y Panteras); y persecución a la oposición (como lo demuestra el permanente enfrentamiento con los medios), entre otros.

El aparente desarrollo de la infraestructura de la capital, a lo que siempre alude en su campaña, tiene un costo demasiado alto que se puede evitar.

El estilo del candidato es propio, y sí demuestra en los hechos una consolidación de una izquierda destructiva que, en su esencia, es perfectamente comparable con la que tiene secuestrada a Venezuela.

El aspirante único ha probado tener un significativo desprecio por la legalidad y el Estado de derecho, un defecto que no puede dejar de preocupar a los votantes porque, en el fondo, no es sino mediante el cumplimiento puntual de la ley que se puede lograr la consolidación de un estilo auténticamente democrático de vida, y la necesaria inversión para la realización de actividades productivas que generen el trabajo y bienestar para todos.

Se puede entablar una crítica severa de la actual administración por los tropiezos incurridos en materia de seguridad y corrupción, pero éstos no son un elemento de valoración adecuado para entender el rumbo que seguiría el país para el caso de que un modelo ya experimentado en la capital se apropie de la administración federal.

Estamos obligados a efectuar un análisis somero de la historia reciente para entender cuál habrá de ser el destino de país, en el supuesto de que Morena resulte el ganador del proceso del año entrante: su paso por la capital. 

Twitter: @Cuellar_Steffan

También te puede interesar:
La faena y el TLCAN
La inteligencia financiera del Estado
Carrera de la demagogia