Opinión

SS Francisco, a 90 metros de la alcoba de Benito Juárez

 
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Papa Francisco en Ecatepec. (Cuartoscuro)

Habría que hurgar en los anales de la historia de México de los últimos 150 años, pero quizá no es tan descabellado afirmar que un hecho sumamente insólito ocurrió el sábado en el patio central del Palacio Nacional, no sólo por la entrada a ese recinto del máximo jerarca de la Iglesia católica, sino porque el Papa Francisco impartió la bendición a todos los que estábamos presentes en uno de los inmuebles que más simbolizan a la República.

Ahí, minutos después de pronunciar su discurso contra el individualismo que excluye al bien común y contra la cultura del descarte, Francisco alzó la mirada, y teniendo a unos 90 metros hacia el frente la habitación donde falleció Benito Juárez en julio de 1872, invocó la protección de Dios. Sí: la bendición del Papa hacia la alcoba de Juárez, el mismo que impulsó la Reforma y materializó la separación de la Iglesia y el Estado.

Parecía el sábado que el perdón se apoderó de todos quienes acudieron al Palacio Nacional. Ni la audiencia ni la disposición del escenario diferían mucho de lo que solemos ver en los informes de gobierno desde hace algunos años. No obstante, sí hubo una diferencia fundamental: el personaje central, el Papa, que era esperado con alegre ansiedad; y para quien los vítores se manifestaron sin pena a lo largo de su paso por el recinto.

Y nadie puede decir que el Papa demeritó la figura presidencial. Por el contrario. La presencia y las palabras de Francisco dieron realce a la institución presidencial y arroparon a Enrique Peña Nieto: “En su persona, señor presidente, quiero saludar y abrazar al pueblo mexicano en sus múltiples expresiones y en las más diversas situaciones que le toca vivir”.

Se quedaron con las ganas quienes pensaron que el Papa regañaría a Peña en pleno Palacio Nacional, o que le iba a achacar que su gobierno había cometido crímenes de Estado o represiones descabelladas. De hecho, parece que el Papa estudió profundamente la complejidad del país al mencionar que la “sabiduría ancestral que porta su multiculturalidad es, por lejos, uno de sus mayores recursos biográficos. Una identidad que fue aprendiendo a gestarse en la diversidad”.

Pareciera que flota en el ambiente una especie de aire de conciliación mientras Francisco visita el país. Bien, pero, ¿qué pensarán, me pregunto, quienes buscan “el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos”? Porque ellos saben quiénes son: delincuentes, narcotraficantes, extorsionadores, empresarios corruptores, políticos corruptos… ¿En algo les impactará el discurso de Francisco? Ojalá. El Papa, entretanto, ya bendijo el recinto mismo donde expiró Benito Juárez, quien sentía “instintiva repugnancia” hacia el clero.

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