Opinión

Sorpresas a la
mitad de la vida

Puede ser que mi historia sea la de muchos hombres. Para mí ha sido un terremoto, una guerra destruyendo mis órganos internos, desgarrando mi identidad y lo que creí que era mi destino.

Fui desde niño exitoso con las mujeres. Las niñas me buscaban sin que yo hiciera nada para conseguirlo. Era guapito, decía mi madre; no dejaba títere con cabeza, decía mi abuelo. La cosa es que desde muy jovencito me inicié en una vida sexual muy activa. Las mujeres me elegían a mí y llegué a pensar que era una karma tener que corresponderles. Es que verán, yo ni siquiera tenía tiempo para entusiasmarme con alguna. Venía una y otra, y siempre a decirme que si salíamos, que les gustaba. Cerca de los 28 y después de una ajetreada vida sexual, conocí a Verónica. Una mujer inteligente, culta, apacible, que siempre estaba cerca de mí pero sin molestarme. Nunca manifestó un deseo como el de las otras. Quizá la ternura y la ilusión compartida de tener dos hijos, nos ayudó en la decisión de casarnos. Tuvimos dos niñas que son preciosas y nobles como su madre. Yo he logrado un lugar más o menos destacado en el mundo del derecho. Trabajo en una notaría, soy un señor de traje y corbata atendiendo de lunes a viernes asuntos importantes que a mí no me importan nada.

–Manuel ha llegado a la mediana edad con una vida tranquila pero poco interesante. Su relato del día a día tiene siempre tintes de tedio y resignación. Ha encontrado una vida y un trabajo convencional en el que se comporta como un hombre convencional–

Llegó el destino durante unas vacaciones de verano. Yo tenía que trabajar, así que Verónica y las niñas se fueron varias semanas a la playa y yo las alcanzaría después. La noche que regresé de la oficina y la casa estaba sola y en total silencio, sentí una extraña libertad y ni un ápice de melancolía. No me sentí solo sino liberado y apareció un deseo que hasta entonces no había experimentado. Involucrarme con alguien sentimentalmente era un romanticismo estúpido que no me podía permitir. Mi familia es lo único que siempre he intentado cuidar, así que decidí buscar la compañía de una prostituta cara, de esas que casi tienen garantía de salubridad y que cuestan un dineral porque son mucho más bonitas que cualquier mujer ordinaria. Jamás había pagado por sexo. Siempre lo obtuve porque las mujeres me deseaban. No estuvo mal la experiencia, tanto así que la repetí en varias ocasiones. En las noches de soledad, se volvió una compulsión buscar en la red fotos de mujeres con las que podría salir. Un día me encontré con una cara y un cuerpo que no abandonó mi mente durante varios días, hasta que decidí llamarle y citarla para vernos. Se llamaba Sandra y era bellísima. Nos vimos en un hotel y tuve que aceptar después de vivirlo, que ha sido la experiencia erótica más libre y plena de mi vida. Sandra era travesti y me enamoré de ella.

– Manuel aprovecha un respiro y busca a ciegas lo que su deseo le dicta. Sabe que ha encontrado algo que lo hace sentir fantásticamente bien. Involucrarse sexualmente con prostitutas lo llevó inesperadamente al descubrimiento de su homosexualidad–

Salí corriendo de lo que sentí y dejé de verla durante varias semanas. Me aterra pensar que soy homosexual y que necesité 45 años de mi vida para admitirlo.

Me he separado de Verónica. Se volvió insostenible seguir compartiendo una vida con ella, que francamente ahora parece mucho más en paz. Lo nuestro nunca fue una gran pasión y sí una gran sociedad para educar a las niñas. Nos hemos concentrado en hablar sobre cómo organizarnos ahora que ya no vivo en la casa.

No he podido contarle a Verónica lo que me pasa. Ni a nadie de mi familia, ni a mis mejores amigos. Temo las peores reacciones.

–Manuel se debate entre lo que considera bienestar en términos convencionales y la verdad de quién es sexualmente. Le duele reconocer un deseo que ha reprimido toda su vida. Lo aterra el juicio sumario de su mundo familiar y social. Tendrá que empezar por aceptar que lo que siente es su derecho y que puede vivir dignamente, sin culpa ni vergüenza, enfrentando de a poco todos los cambios por venir. –


Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa.  Conferencista en temas de salud mental.

Correo: valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag