Opinión

Son deudores, no delincuentes

Parece el panorama ideal: una regulación que busca frenar los abusos de los despachos de cobranza que contratan las instituciones financieras; nuevos horarios; protección al deudor y a quien recibe llamadas sin conocer a la persona que buscan para cobrarle.
“¡Regalazo de Reyes Magos para los usuarios!”, dice el presidente de la Condusef, Mario Di Costanzo.

Pero a menos de 90 días de que entre en operación este programa surgen las dudas: ¿realmente servirá este instrumento? Esto lo ponemos sobre la mesa por las prácticas muy arraigadas de algunos despachos de cobranza, que son contratados por bancos y que en algunos casos hacen uso de todos los medios posibles para intimidar al deudor, a sus familias, amigos y vecinos, lo que incluye tener un nombre que fácilmente se puede confundir con una autoridad judicial (Procuraduría de Cobranza Judicial).

No se trata de fomentar la cultura del “no pago”; quien tiene una deuda debe pagarla. Pero en este país los bancos cobran prácticamente por adelantado los créditos de consumo, como son los personales; además, habrá que ver si el despacho que emplea Banco Azteca y los demás negocios que tiene el grupo hacen caso, ya que la disposición sólo aplica para las instituciones financieras y no para empresas comerciales.

Ellos tienen la temida Procuraduría de Cobranza Judicial (PCJ). Su personal realiza la labor de acudir a los domicilios para recuperar la cartera vencida. Todo estaría bien, si no fuera porque llegan ostentando sólo el nombre de la Procuraduría, vestidos de manera formal y piden que les entreguen cualquier enser doméstico o un abono en efectivo.

Las formas ya se las imaginarán. Y para quien no conoce sus derechos, el miedo empieza a hacer presa de ellos, aun cuando el deudor muestre disposición de pagar y hacer reestructura de su deuda.

Banco Azteca tiene casi seis millones de créditos personales. Poco más de 400 mil de estos financiamientos tienen un atraso que van de 91 hasta 360 días. Esos deudores hoy padecen el cobro desmedido de la PCJ.

En favor del banco debo mencionar que es el único que presta a la llamada “base de la pirámide”. De manera sencilla y con pocos requisitos otorga financiamiento a muchos de los olvidados por los grandes bancos, pero esto no debe ser justificante para tratar a los deudores como delincuentes. Claro, puede haber algunos por ahí que se dediquen a pedir prestado sin pagar, a esos los bancos los deben identificar antes de prestarles y aplicar todo el peso de la ley.

En un mundo ideal, ojalá esta regulación sirva de algo. Por lo pronto, la moneda está en el aire, libre de caer en manos de despachos de cobranza.

Twitter: @JLeyvaReus