Opinión

Somos brigada

 
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Pedro Kumamoto

La primera casa a la que te acercas es siempre la más difícil. La brigada exige de ti todas tus energías para realizar un acto contrario a lo que te dicen por todos lados: “Ten miedo, no te expongas, no busques para que no encuentres, enciérrate, cállate, desdibújate”. Pero tú, rebelde y dichosa de la vida, no lo escuchas, desempolvas esa habilidad infantil de hablar con quien esté frente a ti, te armas de valor porque estás en compañía, coges una moneda de cinco pesos, tocas el cancel, saludas al perro de la casa y esperas a que abran esa puerta deseando que suceda un milagro.

Entonces escuchas. Te das cuenta que esa extraña que te abre la puerta también es tu madre, a la que le duele el miedo que experimenta todos los días cuando va a la escuela por su niño, cuando toma el camión para ir al trabajo, cuando en la noche simplemente no se ilumina esa plazuela por la que camina a diario.

También te das cuenta que estás frente a tu abuelo, quien te contó que hace unos ayeres soñó con cambiar la política como tú, salió a la calle, pero no los escucharon, los encarcelaron y al final volvieron a ganar los mismos, al final ganó la tristeza. Y ahora, con enorme decepción tiene sus reservas sobre el futuro, sobre si un cambio puede o no suceder frente a sus ojos.

Finalmente te das cuenta de que ese joven, que esa extraña, que ese niño, que todas esas personas se parecen a ti. Que también tienen claro que nos han quedado mal, que han hecho un negocio con lo que es nuestro y que muy pocos son quienes quieren entrarle a la política. Pero también te das cuenta que vale la pena no dejar que esos otros tomen decisiones en tu nombre. Mirando a los ojos a otra persona común, como tú, tienes la certeza de que somos mayoría, porque claro que somos más quienes queremos a gritos un cambio.

No todo es belleza. Por aquellos departamentos te gritaron que eras un vendido, que seguro te forrabas de dinero por conseguir las firmas, que eras un corrupto. En esa casa amenazaron a una amiga y también en ese tianguis nos dijeron que nos iban a golpear si no nos íbamos. A veces ni siquiera te dejaban terminar tu saludo cuando la puerta ya estaba siendo azotada, hay mucho coraje allá afuera, eso queda claro. Cómo explicar la frustración de tener los zapatos deslavados, de no ganar un peso de esto, de tener sed e insolación y que todo junto pega más cuando el sol está en cenit.

La brigada es sed, casas cerradas, mentadas, frustración, cansancio y miradas cómplices. Es la oportunidad no sólo de lograr firmas, sino también el momento para recordar que este país sí tiene compostura.

Hoy, este martes, empezamos de nuevo a vivir este viaje, a tocar las puertas, a pedir firmas, a esgrimir argumentos, hoy volvemos a ser brigada. 

Twitter: @pkumamoto

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