Opinión

Solitarios crónicos

    

     

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Soledad

Existen diferentes formas de relacionarse con la soledad. Algunas son cómodas y otras dolorosas. Pueden ser autoimpuestas o asociadas a factores sociales. ¿Cómo y por qué la gente permanece sola?

Andrés no logra estar más que unas cuantas semanas sin ilusionarse ante la posibilidad de un nuevo amor. Ha acumulado una gran torre de expedientes amorosos que le provocan tristeza por significar ilusiones truncas y planes fallidos. Y orgullo narcisista, porque cuando está eufórico y de buenas, cree que esa torre altísima es proporcional a su poder de seducción.

Los trastornos narcisistas son fuente de soledad, porque quienes los padecen entienden al otro como un espejo en el cual reflejarse y engrandecerse. No comprenden la importancia de dar y recibir, por lo que aunque pueden conseguir muchas parejas, tienden a abandonar o a ser abandonados.

Roberto está aterrado. Leyó, quizá en exceso, sobre la repetición de patrones infantiles en la vida adulta, así que está convencido de que terminará en una relación abusiva, como las que vivió en la infancia, o que él mismo se convertirá en un abusador que le hará venganza al niño maltratado que fue. Quiere cercanía, pero se defiende de ella. Se siente solo, pero también incapaz de derribar las murallas que lo resguardan de la cercanía amorosa, anhelada y temida.

Un ambiente temprano hostil puede producir aislamiento voluntario como defensa. La necesidad humana de los otros es una lucha vital entre el amor, la destrucción y el odio. Quien es incapaz de evocar objetos buenos vivirá la soledad como miseria y odio, y la posibilidad de que alguien lo pueda amar como inimaginable.

Laura cree que se quedará sola por el resto de sus días. En su familia, casarse o tener una pareja estable sigue siendo el objetivo fundamental en la vida de una mujer. Su opinión es en parte suya y en parte la de su madre, la de sus amigas de infancia y la de algunos otros que, invasivamente, le preguntan por qué no tiene novio. Algunas noches no puede dormir pensando que la relación más estable que ha sido capaz de sostener es la que tiene con Nico, su perro.

No todas las explicaciones sobre la conducta vienen de la psicología. También de las ciencias sociales y de los estudios de género, que nos dicen que sigue existiendo presión en las mujeres para estar acompañadas. Que muchas mujeres todavía son educadas para dar, para comprender y para “conectar”, mientras que a los hombres se les aplaude la autonomía. La tragedia social de la soledad es más intensa para las mujeres. No solamente tiene que ver con ellas y con su carácter o con sus defensas. También con los mandatos sociales que ven con lástima la soltería femenina (las mujeres solteras mayores de 30 años tienen mayor riesgo de sufrir por soledad, Lieberman, J.S., 1991).

Algunos de los rasgos mentales que aumentan los sentimientos de soledad: paranoia (pensar que los otros nos quieren dañar), autoexigencia brutal (causa de ansiedades depresivas y persecutorias), sentirse incomprendido e indigno de amor (quien cree no merecer amor y comprensión, vive la amenaza del abandono como insoportable) y la depresión y el duelo sin resolver (los objetos ausentes, amados u odiados, se vuelven perseguidores).

La soledad es un estado inevitable de la mente configurada por sus relaciones desde el nacimiento. “Si alguien nos habla, se hace la luz”, concluyó Freud en uno de sus ensayos sobre la histeria en 1905. Ni duda cabe que necesitamos de los demás para temerle menos a la oscuridad y a los fantasmas que de ella emergen, pero también es cierto que la soledad puede ser nutricia y productiva.

Bion decía que ni nosotros ni los otros están tan disponibles como quisiéramos.

Aquel que logre sentirse mentalmente acompañado en el viaje de la vida por quienes lo aman y a quienes ama, comprendido y reconocido por los otros y por sí mismo, podrá relacionarse con la soledad de forma apacible y asintomática.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.


Twitter: @valevillag