Opinión

Sociedad y corporativismo

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Mexicanos primero.

Rumbo a la elección, Mexicanos Primero pidió a los partidos políticos que se comprometieran con la aplicación y ampliación de la reforma educativa. La mitad de ellos no quiso hacerlo: PRD, PT, MC, Morena y Panal. La izquierda, para ponerlo en vieja geometría.

Me imagino que tendrán explicación de su decisión, pero yo lo único que veo es la dificultad de estos partidos de entender el proceso de cambio social en México. Si rechazan firmar es porque ese rechazo les conviene electoralmente, y eso sólo puede ser así si creen que la organización corporativa de los maestros es preferible a la organización de la sociedad civil.

Pueden tener razón, porque su presencia se limita a Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Tabasco, Morelos, el Distrito Federal (DF) y parte del Estado de México. Y, sin tener evidencia completa, me parece que se trata de la región que menos ha avanzado en la construcción de sociedad civil.

Son siete de los diez estados con más informalidad del país, y con peor desempeño económico en las últimas décadas. En ellos se mantiene una organización esencialmente corporativa, con muy poca presencia de sociedad civil.

La entidad que más polémica genera siempre es el DF, porque aquí hay desde lo más moderno a lo más anacrónico, y eso complica las cosas. Sin embargo, en lo que compete al gobierno de la entidad, creo que no hay duda del peso que tienen las organizaciones corporativas: ambulantes, taxistas, peticionarios de vivienda, irregulares, que fueron clientela del PRI y hoy sostienen al PRD (o a Morena, eso ya lo veremos). Y aunque en el DF tienen su domicilio muchas de las organizaciones de la sociedad civil, se trata de grupos que tienen objetivos nacionales, y no le dan particular importancia al DF mismo.

La gran diferencia entre los dos tipos de organización social es que mientras la sociedad civil impulsa temas y políticas públicas, las corporaciones buscan redistribución de recursos (hacia ellas). Puesto que se trata de un juego suma cero (unos ganan lo que otros pierden), un sistema de corporaciones, como era México en el siglo XX, requiere de un árbitro, que era el presidente.

Sin árbitro este sistema degenera en saqueo. Algo así ocurrió a partir de 1997, con diversos grupos saqueando hasta donde podían.

Esto no significa que las propuestas de la sociedad civil sean inocuas en términos de recursos, porque las políticas públicas que impulsan trasladan más recursos hacia esa cosa extraña llamada clase media, sea en educación, lucha contra la corrupción, combate a la pobreza (es decir, ampliación de clase media). Pero el impacto no es sólo para los integrantes del grupo, como ocurre en las corporaciones.

En términos de impacto las diferencias son mayores: las posibilidades que abre la sociedad civil son de suma positiva, es decir, los que ganan obtienen mucho más de lo que otros pierden.

Por eso el crecimiento económico florece en donde la clase media es grande, porque desaparece esa suma cero propia de sistemas antiguos, premodernos, como el corporativo mexicano del siglo XX.

Pero en México aprendimos que eso no está bien. Aprendimos en la escuela que los empresarios son malos, explotadores; que el resto del mundo está al acecho para abusar de nosotros; y que las organizaciones de la sociedad civil son máscaras de esos enemigos masiosares.

Para eso servía el sistema educativo mexicano, para legitimar al corporativismo.

Twitter: @macariomx

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