Opinión

Sociedad contra partidos

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Partidos Políticos. (Especial)

La transformación de México, de una sociedad corporativizada a una democrática, ha seguido un proceso particular en el que el centro de gravedad del poder pasó del presidente a los partidos, que ahora enfrentan la amenaza de una sociedad civil organizada.

Cuando el viejo régimen se derrumba, no hay sociedad civil enfrente, y todo lo que existe es un muy pequeño grupo de partidos políticos al que se traslada el poder con la intermediación de un árbitro aceptable para todos, el IFE de 1997. El PRI, como partido del gobierno, pasa de obtener 90 por ciento del voto antes de 1986, a 60 por ciento después, y al 40 por ciento que obtiene hoy en compañía del Partido Verde. El poder político se empieza a repartir, pero la debilidad institucional (las leyes no estaban hechas para el nuevo régimen) provoca el ascenso de poderes extraestatales, desde empresarios muy grandes hasta el crimen organizado, pasando por unos pocos líderes sindicales, alguna universidad y los gobernadores.

La dispersión impide una toma de decisiones eficiente, y la inercia apenas alcanza para que el país no se hunda, pero no hay rumbo claro. Esto cambia en 2012, cuando los partidos y el presidente logran un acuerdo para enfrentar a todos los extraestatales que faltaban (el crimen organizado ya se había enfrentado desde 2007). Eso fue el Pacto por México, y fue claramente exitoso: los sindicatos pasaron a segundo término, los muy grandes empresarios han perdido mucho poder (y dinero, por eso están enojados), y los gobernadores están en proceso de sometimiento.

Pero ese tiempo de dispersión permitió la maduración de una nueva forma de sociedad, ahora sí organizada, con capacidad de presión, con respuestas y liderazgo. La sociedad civil indispensable para construir un país democrático, competitivo y justo. Ahora viene el momento de equilibrar a los partidos con esta sociedad.

Aunque el desencanto con la política es un fenómeno global, me parece que en México tiene el componente adicional de este ascenso de la sociedad civil. No quiero decir que todos los que odian a los partidos sean parte de esa sociedad organizada, no es así. Pero sí hay grupos organizados capaces de promover iniciativas. Ya he hablado del impacto que han tenido en las reformas del Pacto por México, pero no es sólo ahí. El movimiento del voto nulo, que ha tenido algo de éxito desde 2009, me parece que debe enmarcarse en esta lógica de construcción social, y no como un simple enojo contra los políticos.

No estoy seguro de que la andanada contra el PVEM sea de este tipo. Yo percibo intereses políticos (de partido, pues) detrás de este caso, al que indudablemente se fueron subiendo grupos de la sociedad civil, debido a ese conflicto entre partidos y sociedad.

Más que concentrarse en esto, lo que me parece que será el gran tema a partir de la elección es la manera en que los partidos políticos tendrán que acomodarse a esa sociedad civil creciente y pujante. Y cómo esta sociedad deberá entender su papel en la construcción de instituciones, y no en la lucha política, como ocurrió al final del viejo régimen.

Pero este proceso tendrá perdedores claros: las organizaciones corporativas que aun sobreviven, disfrazadas de justicia social. Creo que lo perciben, y por eso se han puesto tan violentos últimamente.

Twitter: @macariomx

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