Opinión

Socavar y sorprender

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Syriza, izquierda griega. (Bloomberg)

La transformación que estamos viviendo es muy profunda. Mucho más de lo que se cree. La tecnología, por ejemplo, permite producir mucho más trabajando menos, de forma que hay abundancia de tiempo libre, pero al mismo tiempo es imposible mantener empleos de 40 horas a la semana. Sin ese tipo de empleos, especialmente industriales, los sindicatos dejan de tener fuerza, y la izquierda (política) es innecesaria. A falta de su adversario tradicional, la derecha tiene el mismo destino.

Tenemos ahora mucho tiempo libre, que exige entretenimiento y comunicación a niveles antes inimaginables; no tenemos la dicotomía política de siempre, así que empiezan a aparecer opciones muy raras (como Syriza en Grecia, Podemos en España, etcétera); más interesante aún, con el fin de la Guerra Fría el centro de los conflictos armados dejó de ocurrir entre Estados y fue incluyendo actores extraestatales: crimen organizado, terroristas, subversión, grupos antisistémicos, etcétera.

El derrumbe de la izquierda como representante de los trabajadores (ante la ausencia de éstos), provocó la sustitución de la liturgia marxista: feminismo, indigenismo, derechos humanos, ecologismo, fueron ocupando su lugar. Como temas políticos, se hicieron susceptibles de ser utilizados como eje de legitimación frente al Estado. Así, de pronto encontramos subversión indígena, organismos de derechos humanos creados y manejados por el crimen organizado (como ocurrió en Nuevo León), grupos seudoecologistas, ejércitos religiosos en Medio Oriente con la misma lógica de las subversión indígena en América Latina. Y para muchos políticos de izquierda, se hizo imposible distinguir lo real de lo imaginario, y acabaron defendiendo a todos estos actores extraestatales en su lucha contra el Estado. Más claro: se convirtieron en enemigos de sí mismos, del sistema político del que dependen para su accionar.

No dudo que muchas personas ya no hayan llegado a este párrafo, pero algunos ejemplos pueden aclarar todo: la transformación de las FARC en Colombia en crimen organizado, el desastre que fue Sendero Luminoso con su versión indígena del marxismo, la evolución de los grupos extraestatales radicales islámicos, desde la Hermandad Musulmana al Ejército Islámico, pasando por Al Qaeda y Hezbolá. O ciertos grupos de derechos humanos que sí defienden criminales y desprestigian tan importante tema. O los excesos de ambientalistas que no tienen la menor idea del funcionamiento de ecosistemas.

Y las tragedias de políticos alrededor de eso son abundantes. Desde el derrumbe del sistema de partidos en Venezuela, pasando por la ascensión de “independientes” en Perú, Ecuador o Bolivia, hasta las complicaciones actuales en Europa, especialmente en la izquierda, que desaparece frente a extremos como Syriza o Podemos, pero también en la derecha, en Francia, por poner un caso. Vale la pena recordar que el independiente de Perú vino precisamente de la derecha: Fujimori.

Entonces, me parece que hay varias dinámicas hoy que tienen su origen en estos procesos de cambio que no siempre se entienden bien. Primero, creo que muchos temas relevantes han sido secuestrados por grupos extraestatales que intentan enfrentar al Estado de esta forma. No digo que todos los grupos dedicados a esos temas caigan en esta clasificación, aclaro. Segundo, los políticos, especialmente de izquierda, se han ido en banda apoyando a esos grupos, por su cercanía con los temas. Tercero, la discusión pública (especialmente medios y academia) no percibe claramente este proceso, y apoya el socavamiento del Estado. Y luego, cuando éste se debilita y sus funciones no pueden cubrirse, la discusión pública se sorprende. Interesante.

Twitter: @macariomx

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