Opinión

Sobre los periodistas
"conflictivos"

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 [La comunicadora Carmen Aristegui participó en el Segundo Encuentro Nacional de Periodistas. / Cuartoscuro]  

En el marco de la operación de MVS en contra de Carmen Aristegui, una periodista extranjera me llamó para preguntarme por quien durante un par de meses fuera mi jefa. Hay quien dice que es conflictiva, planteó la colega. Depende de lo que entiendas por conflictiva, le dije. Si te etiquetan así por el hecho de defender los derechos de la audiencia y de tu equipo, planteando en la opinión pública y en los tribunales que no es justo lo que le hicieron a tu programa, que está amparado por un contrato, entonces sí lo es y qué bueno que lo sea, agregué.

Pero no todos coinciden conmigo, por supuesto. En esas semanas, pocas cosas resultaron tan tristes como constatar un impulso por dar la razón, a priori, a la empresa. “Está mal que usara la marca”; “se excedió en lo que hizo”; “nunca le puedes poner un ultimátum a tu jefe”; “que se disculpe”… Esas o cosas parecidas me tocó leer y escuchar por aquellas semanas.

Para posicionar su versión, más que argumentos la empresa supo sacar ventaja de algo que parecía que estaba ahí, en más de uno: una especie de vocación agachona. Los empresarios, que durante días pagaron desplegados en diversos diarios y usaron el tiempo aire de una estación concesionada para atacar a la periodista, gozaron del beneficio de la duda que se le regateó a la “conflictiva” periodista.

Claro que no soy objetivo en este comentario. Fui de los despedidos por ese caso. Pero me sorprendió cuánta gente inteligente, entre ellos algunos colegas, antes que pedir más información se apresuraron a concluir que la periodista se había excedido.

El caso viene a cuento porque hace unos días algunos encontraron censurable la manera en que el periodista Jorge Ramos intentó hacer que Donald Trump respondiera algunas de sus preguntas sobre temas migratorios.

Ramos, ya se sabe, fue expulsado por Trump el martes pasado de la rueda de prensa que daba en Iowa. El precandidato le ordenó callar. El periodista de Univisión insistió en preguntar, pero guaruras de Trump le expulsaron de la sala. Ramos retornaría minutos después, gracias a la intervención de otros colegas.

Ramos se convirtió en noticia y hay quien cree que eso es censurable, que es violar una regla, que un periodista nunca debería convertirse él mismo en la noticia. Esto es, para decirlo en pocas palabras, un falso debate. En general los buenos periodistas son noticia, pues logran tener la noticia mejor o antes o en exclusiva, o todas las anteriores. Y para lograr eso, no siempre los métodos son tersos o elegantes.

El periodista de Univisión se propuso arrancar respuestas a Trump, a sabiendas de que el precandidato republicano no quería darle una entrevista (la solicitó durante meses). Y a pesar del affaire o quizá precisamente por éste, ese objetivo se logró, así fuera a regañadientes. El arrojo tuvo su recompensa.

Más aún, me inclino a pensar que dado lo que pasó, Trump se verá forzado a darle a Ramos una entrevista en toda forma. Que será, más que para lucimiento del periodista, para que la audiencia tenga más información sobre las nocivas propuestas lanzadas por el millonario.

Jorge Ramos reclamó de manera firme, airada incluso, su derecho a preguntar y a obtener respuestas. Como no se sentó cuando de fea manera se lo ordenaron, no faltará quien diga que es un conflictivo. En este caso el fin justifica los medios. No sería la primera vez que en detrimento de supuestos buenos modales las audiencias ganen información. Vale la pena.

Twitter: @SalCamarena

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