Opinión

Opinión sobre las llamadas 'autodefensas'

   

En el estado de Michoacán, a pesar de los esfuerzos del gobierno federal, aún no se ha devuelto a la ciudadanía la tan anhelada tranquilidad y paz que permita retomar un desarrollo armónico, principalmente en las actividades económicas y sociales.

Los niveles de violencia alcanzados hacia fines de 2012 en este estado dieron lugar a que en enero siguiente surgieran ‘de pronto’ y se multiplicaran los grupos de autodefensa en municipios y poblados que ‘justificadamente’ requerían de un manto protector contra la constante amenaza de la delincuencia organizada.

La dispersión demográfica y la orografía del área afectada absorbe a una gran cantidad de personal de las fuerzas federales ahí desplegado, por lo que ante una aparente ‘tolerancia’ y como si fuera parte de una estrategia gubernamental, observamos una presunta cesión de territorio a estos grupos, lo que condujo a esa entidad a vivir una situación inédita.

Estas ‘autodefensas’ son vistas en ocasiones como una solución pero en realidad son un verdadero problema por su naturaleza y origen; de entrada, sus integrantes dicen ser lugareños pero no de todos se conoce su origen y, en la mayoría de las ocasiones intimidan a quien dicen proteger, al comportarse e imponerse como un grupo más de la delincuencia organizada.

De esta manera, más que controlar la situación y pacificar un área especifica crean zozobra, y aunque enfrentan a quienes identifican como sus acérrimos rivales y razón de su surgimiento, Los Caballeros Templarios, en otras se oponen a la misma autoridad.

Entonces no hay ley ni regla que rija su conducta y mucho menos una disciplina que los haga conducirse apegados a derecho, quedando como si fuera una opción la coordinación y cooperación con las autoridades que perviven en esa entidad, que es la razón al parecer de la tolerancia otorgada para que sumen fuerzas y coadyuven a solucionar el grave problema de la inseguridad.

Asimismo, el actuar de sus lideres fundadores como Manuel Mireles Valverde (hoy en prisión), Hipólito Mora y Estanislao Beltrán alias Papa Pitufo, parecen más bien evocar a algunos caudillos de nuestra etapa revolucionaria.

La evolución de esta problemática ha dado lugar a un sentimiento de incredulidad e inquietud sobre el futuro de estas fuerzas, que a pesar del otorgamiento de ventajas al ser toleradas y hasta institucionalizadas en la denominada Policía Rural Estatal, no parece encontrarse el camino adecuado para un eficiente control sobre su actuación y operatividad.

La percepción inicial sobre estas fuerzas fue que respondían a una ingente necesidad de enfrentar y contener el avance de Los Caballeros Templarios; sin embargo, ha derivado en un problema mayor al ser detenido otra vez uno de sus líderes acompañado de un séquito, presuntamente en total flagrancia. Así, desde hace algún tiempo el trabajo de las fuerzas federales se ha complicado, en lugar de encontrar apoyo y facilidades para éste.

Los esfuerzos empeñados todos los días por las autoridades hacen parecer que la estrategia esta funcionando, puesto que los resultados dados a conocer públicamente hablan de una reducción en diversos delitos, a pesar de que se presenten eventualmente repuntes de violencia.

Aún cuando los acuerdos del 14 de abril y el desarme de estos grupos no se han cumplido a cabalidad, el 10 de mayo el Comisionado de Seguridad y Desarrollo Integral en Michoacán tomó protesta a los integrantes de la nueva policía rural provenientes de las ‘autodefensas’ sin mayor preparación.

Una solución podría ser incluirlos en el cuerpo de la gendarmería nacional, entrenarlos, equiparlos y armarlos con uniformidad para que trabajen en beneficio de su comunidad, pero debidamente controlados y funcionando bajo un régimen policíaco y como debe ser, con su propio reglamento.

Para concluir, las ‘autodefensas’ de Michoacán parecieran tener como antecedente la aparición en los años 60 de un grupo denominado de manera similar, considerada en su momento una defensa legítima apoyada por el propio estado colombiano para enfrentar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y que al final se comportaban más como delincuentes. Esto hace pensar que el empleo de estos grupos pudiera estar relacionado con la asesoría del general de la policía nacional de Colombia, Óscar Adolfo Naranjo Trujillo.

El autor es General de División Diplomado de Estado Mayor, Retirado.