Opinión

Opinión sobre las botargas de Sebastián Guillén

  

A las 02:08 del pasado 25 de mayo Rafael Sebastián Guillén Vicente comunicó su decisión de cambiarse de botarga para ahora ser identificado como “Galeano”, en recuerdo a quien formó parte de su movimiento y quien presuntamente fue asesinado en el poblado de La Realidad, Las Margaritas, Chiapas, el 2 de mayo al enfrentarse bases de apoyo del autollamado EZLN y militantes de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos Histórica (CIOAC-H).

Algunas precisiones se imponen sobre el recuento que hace el propio Sebastián Guillen de lo acontecido desde hace poco más de 20 años, según lo planteado en su comunicado más reciente.

En éste, cita la irrupción de 1994 cuando NO iniciaba la guerra, ya que ésta ya se venía padeciendo desde siglos antes, según su decir.
Vale la pena recordar que aquél 1 de enero de 1994, en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, SÍ iniciaba una guerra: él como vocero del movimiento armado dio lectura a la Primera Declaración de la Selva Lacandona ante medios de comunicación nacionales e internacionales, en la cual el EZLN declaraba la guerra al Estado Mexicano y al Ejército Mexicano en particular, declaratoria hasta hoy vigente.

Recordemos también, que quién dio la orden de alto al fuego de manera unilateral fue el Ejecutivo federal en su carácter de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, de ninguna manera fue el EZLN, pero qué bien se cobijó con ello.

Sebastián Guillén ha avanzado en su proyecto por dos razones fundamentales: primero, porque cuenta con el apoyo, hay que reconocerlo, de una parte importante de la población chiapaneca donde tiene presencia e influencia su movimiento; y segundo, porque tanto el gobierno federal como el estatal lo toleran y la población en general hasta lo olvida, por decir lo menos.

Pero a otra parte de los habitantes de este país no se nos olvida que él y sus simpatizantes siguen avanzando de manera callada en su proyecto autonómico y antisistémico. Que los niños de 1994 y los nacidos a partir de esa fecha han crecido y se han desarrollado dentro de ese proyecto, por lo que se deduce que ellos, “los zapatistas”, apostaron también al olvido de la autoridad.

Sería importante también que la juventud y niñez mexicanas -que no nacieron ni han vivido en el estado de Chiapas, seguramente en su mayoría ni enterados están de esa parte de nuestra historia contemporánea-, debieran conocer una versión lo más real posible de cómo se vivieron esos aciagos días en que se dio el último levantamiento armado en nuestra patria y no estén desinformados ante el silencio de unos y la rebeldía de otros.

Tal pareciera que la actividad autonómica de los inconformes chiapanecos no figurara en el horizonte nacional pues se soslaya su accionar y persistencia, sin que autoridad alguna mediara para desactivar un problema de SEGURIDAD NACIONAL ahí latente y que en el olvido no refleja su verdadera complejidad.

No interesa la botarga que se porte, lo importante es alcanzar acuerdos que permitan avanzar en logros que den seguridad a la reunificación para devolver la paz y tranquilidad en esa parte fraccionada de nuestra nación.

Mantener el actual estatus es prolongar enfrentamientos estériles entre chiapanecos donde se pierden vidas de ambas partes. Esta vez lamentablemente fue José Luis Solís López (a) “Galeano”. Lo deseable es que pronto esta situación cambie y los acuerdos que se obtengan sirvan para eliminar la amenaza que no deja de ser para el país la existencia de una declaración de guerra que, circunstancialmente, pueda dar lugar a consecuencias verdaderamente lastimosas ya vividas.

Colguemos las botargas e invitemos a quienes tienen la responsabilidad, y en su conjunto a toda la sociedad, a participar en la solución de problemas trascendentales que merecen nuestra atención.

Sabemos que el combate a la delincuencia organizada ha sido el tema primordial en los últimos años, pero no perdamos de vista otros problemas que al pasar el tiempo la historia nacional pueda reclamar a quienes tuvieron en sus manos la oportunidad de solucionar y ésta simplemente se soslayó.

* El autor es General de División de Estado Mayor, retirado.