Opinión

Sobre la visita
de Fox a Venezuela

 
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Vicente Fox

Como si de ayer se tratara, recuerdo perfectamente lo acontecido la tarde-noche del 2 de julio del 2000 en la sede del CEN del PAN, entonces la mayor parte en obra negra. Ya para entonces se conocían los resultados de al menos un par de encuestas de salida, que anunciaban el triunfo de Vicente Fox para la presidencia de la República. Las voces de júbilo, los abrazos, la alegría manifestada en
diversas formas conformaban una escena indescriptible.

Los salones, aún sin mobiliario, estaban atestados de personajes. De algunos resultaba extraña su presencia en el edificio panista. Entre éstos recuerdo al entonces obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, quien sin aparente fingimiento –sólo él lo sabe- parecía loco de contento. Me extrañó que ahí estuviera, como también no pocos que andaban ese día y que jamás vi cercanos a Acción Nacional.

Pero sí a un venezolano que en su país había sido senador y gobernador y estaba en México como visitante internacional, pues la autoridad electoral no aceptó llamarlos observadores internacionales, para esos comicios del año 2000. 

Su nombre: Osvaldo Álvarez Paz, a quien en los tres lustros anteriores había tenido ocasión de conocer y tratar, hasta donde recuerdo, en Caracas, Panamá y San Salvador en reuniones de la organización latinoamericana de Democracia Cristiana.

Álvarez Paz y yo conversamos ese 2 de julio. Lo tengo presente en la memoria; parecía a la vez emocionado y con un dejo de tristeza. En otra ocasión comentaré el por qué de este último sentimiento. En fin, en medio de aquella desbordante y contagiosa alegría multitudinaria, no podía el amigo venezolano menos que compartir el mismo júbilo. Pero algo interesante me dijo aquella ocasión.

Comentó que él en lo personal estaba plenamente consciente de la importancia de aquel momento del triunfo democrático del año 2000. Que no desconocía el esfuerzo heroico que a lo largo de más de seis décadas había desarrollado Acción Nacional, que con gran dignidad y absoluta independencia, tanto interna como externa, se había enfrentado a una feroz dictadura que ante el mundo simulaba
ser un régimen democrático.

Confesó que él, como muchos otros copeyanos, sentía un cierto remordimiento por no haber adoptado una actitud más firme ante los constantes fraudes electorales del priismo, el permanente atropello a los derechos democráticos en México y por no haber protestado, de alguna manera y con oportunidad, cuando todo esto sucedía.

(Copeyanos son los venezolanos militantes de COPEI, la confederación de organizaciones populares electorales independientes, el partido de tendencia Demócrata Cristiana en ese país que junto con Acción Democrática, AD, de línea socialdemócrata, formaban los dos más importantes partidos de Venezuela entre la caída del dictador Pérez Jiménez y el ascenso de Hugo Chávez. Hoy, lamentablemente, ambos partidos son más bien marginales. Dos presidentes de Venezuela tuvo COPEI: Rafael Caldera, caudillo legendario, y Luis Herrera Campíns).

Me dijo en esa ocasión Álvarez Paz que apoyar a la oposición democrática de México era en aquella época algo muy complicado por el eficaz (y seguramente muy costoso) activismo diplomático que llevaba a cabo el gobierno priista. Pero que muchos, como él, sentían remordimiento por no haber apoyado más abiertamente una lucha tan meritoria y valiosa como la del panismo.

Viene a cuento lo anterior con motivo de la visita que Vicente Fox hizo a Caracas el pasado fin de semana para apoyar la consulta popular impulsada por la oposición democrática venezolana contra la arbitraria convocatoria de Nicolás Maduro a una asamblea constituyente, así como por el abierto apoyo que a la misma causa opositora ha realizado la dirigencia nacional panista.

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