Opinión

Sobre la llamada “noche triste”

10 febrero 2014 4:10 Última actualización 13 septiembre 2013 5:2

 
Juan Antonio García Villa
 
Una nota periodística difundida a mediados de la semana pasada y un juego de futbol hacia finales de la misma, aparentemente sin conexión una –la nota– con el otro –el partido de sóccer– han puesto una vez más de manifiesto una realidad en el ámbito deportivo de nuestro país, que no se ha querido ver como la verdad incontestable que es. Y a partir de ésta, tomar en beneficio de la nación las decisiones que sean necesarias.Empecemos por el partido de futbol. Fue el pasado viernes 6 por la noche en el estadio Azteca. La selección nacional de este deporte, en el proceso eliminatorio rumbo al Mundial de Brasil del año próximo, se enfrentó a su similar de Honduras. Tengo entendido que era un partido crucial, toda vez que el seleccionado mexicano no anda bien y está en riesgo inminente de no participar en ese Mundial.
 
Pues bien, el equipo de México perdió 2 goles por 1. Fue una derrota dramática en más de un sentido. Dramática porque fueron suficiente escasos dos minutos para que el marcador diera trágica voltereta. Asimismo por haber perdido en casa y ante su afición, que esperaba la victoria. En su lugar, hizo objeto a esa selección, empezando por su entrenador, de tremendo abucheo.
 
 
En fin, dramática derrota porque cierra, acorta los caminos que llevan a Brasil. Por esa razón –más bien, sinrazón– la caterva de comentaristas de soccer dio en llamar a esa jornada la “noche triste mexicana”, el “viernes fatídico”, el “aztecazo” y expresiones similares.  Pocos, quizá ninguno de esos comentaristas, son conscientes de ser víctimas de lo que ellos mismos han creado.
 
 
Por rara coincidencia, la edición mexicana de la revista Forbes, que se presenta como “la revista de negocios más influyente del mundo”, difundió un interesante artículo escrito por Iván Rivera Bustos. Lo tituló “Los 15 deportistas mexicanos mejor pagados”, circulado el 1° de septiembre. Dos días después varios días capitalinos y hasta Televisa hicieron eco de esa nota.
 
 
Luego vino la llamada “noche triste”. Sorprendió que los comentaristas que dieron cuenta del texto de Forbes lo hayan hecho en tono de sorpresa (así de informados están), al señalar que de los 15 deportistas mexicanos mejor pagados ocho son beisbolistas. Como que no lo podían creer.
 
 
En efecto, son mayoría los peloteros. De los otros siete, tres son futbolistas, dos boxeadores (El Canelo Álvarez y Juan Manuel Márquez), un basquetbolista (Gustavo Ayón) y un automovilista  (Sergio Pérez).
 
 
Los mejor pagados de todos son peloteros. El primer lugar lo ocupa Adrián “El Titán” González,  1ª base de los Dodgers, quien este año ganará 21 millones de dólares y le sigue Jorge de la Rosa, lanzador de los Rockies de Colorado, que en la actual temporada se está llevando 11 millones de dólares. Le siguen los dos boxeadores y a continuación otros dos beisbolistas, Yovanni Gallardo y Jaime García, ambos pitchers. Y hasta el 7° lugar aparece el primer futbolista, Javier “El Chihcarito” Hernández, con 4.5 millones, casi cinco veces menos que El Titán.
 
 
Los otros beisbolistas son Alfredo Aceves (8°), Joaquím Soria (10°), Marco Estrada (11°) y Óliver Pérez (15°). Los otros dos futbolistas son Oswaldo Sánchez (9°) y Jesús Corona (13°). De los 90 millones que ganarán en 2013 estos 15 deportistas, las dos terceras partes, 60 millones, corresponden –según Forbes- a los beisbolistas.
 
 
Sólo los dos primeros, que son peloteros, ganarán más que los siete no beisbolistas. Únicamente El Titán González percibirá este año el equivalente a los once jugadores mejor pagados de todo el futbol mexicano.
 
 
No cabe duda, la verdadera vocación deportiva de México es el beisbol. Deporte que evidentemente es ignorado, marginado, despreciado por los medios y las autoridades deportivas. Deporte que hasta hace cuatro-cinco décadas era el primero en la preferencia de los mexicanos. Hasta que vino la vulgar, grosera manipulación de los medios, en especial la televisión, que colocó a otra disciplina en el primer lugar para hartarse de ganancias.