Opinión

Sobre la intimidad

Dos relaciones ocupan el centro de la vida y entrañan una búsqueda intensa e inagotable. Las confundimos al infinito: una es la relación del niño con su madre; la otra, la relación de pareja. A veces con la pareja se resuelven conflictos de intimidad que originalmente ocurrieron entre la madre y el hijo. O se busca replicar el vínculo idealizado con la madre, cuando el proceso de separación e individuación no fue exitoso.

Su vida sexual ha sido una persecución exhaustiva, intentando encontrar perfección, intimidad y contención. Cuando alguien lo hace sentir amado y cuidado durante el sexo, tiende a quedarse ahí por un tiempo, aunque siempre sintomático: no logra trascender el deseo erótico para amar la totalidad de su pareja, con defectos y cualidades. Asume una posición pasiva en la cama. Por eso le gusta que la mujer con la que está sea experimentada y capaz de enloquecerlo. Quiere recibir pero no dar (como un bebé). Tampoco puede enamorarse, porque teme que lo que siente se convierta en dependencia. Dice valorar su libertad y autonomía por encima de todo; quedar borrado o aniquilado si se entrega completo en una relación, lo aterroriza.

La relación de la madre con el hijo y la relación de pareja, se afianzan vía el cuerpo y representan la mayor cercanía psicológica posible. En ambas relaciones, se movilizan fuerzas en torno a la dependencia afectiva y física. La fusión las caracteriza. Entre la madre y el hijo, mediante los cuidados necesarios para conservar la vida. En la pareja, con el sexo. La urgencia de fusión puede encontrarse en el discurso de hombres y mujeres que buscan el amor idealizado. Sin embargo, el deseo siempre va de la mano del miedo. La fusión es la máxima aspiración sexual y también lo más aterrorizante, cuando la autonomía psíquica no ha sido consolidada del todo.

El miedo a la dependencia no empezó con sus relaciones de pareja, es un miedo arcaico. Su madre tuvo tal disponibilidad a cuidarlo y a buscar su felicidad, que sin darse cuenta, quedó fijado a ese amor incondicional que no consigue replicar en sus relaciones adultas con las mujeres. Siempre les falta algo que no sabe definir, lo decepcionan, con el tiempo las ve defectuosas, deja incluso de desearlas para finalmente abandonarlas.

Si pudiera verbalizar su síntoma, diría: “Es insuficiente, porque no es como mi madre”. Por tanto, ninguna mujer puede satisfacer del todo sus necesidades de cercanía y apaciguar su terror a la dependencia.
La búsqueda de intimidad es un rasgo típicamente humano. Lo que cambia es la forma de alcanzarla.


Antonio, inconscientemente, busca la mitad que lo complete, tal y como lo describe Platón en la voz de Aristófanes. Busca una mitad exacta, perfecta, que cuadre con todo lo que necesita, que es de índole dominantemente infantil: quiere cuidados, atención, cariño incondicional, sexo glorioso sin esfuerzo, un amor sin mancha, sin defectos, sin pleitos ni reclamos, sin discusiones, ni frustraciones ni límites. El amor perfecto que este niño recibió de una madre demasiado buena (sobreprotectora) incapaz de frustrar sus deseos e incapaz, ella, de existir y de tener identidad más allá de la maternidad. En un vínculo así, la fusión jamás se rompe. La autonomía se trunca. Y se firma la sentencia de un hombre insaciable amorosamente, que jamás encontrará la perfección que encontró en la madre y que es incapaz de cuidar de sí mismo.

Tiene 35 años y ha terminado todas y cada una de sus relaciones. Siempre es él quien se va decepcionado. Últimamente, se atreve a pensar que el problema está en él y en su deseo de que alguien lo cuide; en su lucha permanente con las realidades de la vida adulta.
Sus necesidades de dependencia son profundas y causa de muchas frustraciones al no obtener de ninguna mujer la satisfacción absoluta de sus deseos. Sabe que es insano esperar tanto del amor, si ni siquiera es capaz de dar lo que quiere recibir. Anhela estabilidad, aprender a quedarse, pero no sabe cómo lograrlo.

El niño es genuinamente dependiente. La misma dependencia en un adulto es una fantasía patológica, que requiere de análisis y trabajo terapéutico.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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