Opinión

Sobre la entrada del
nuevo Reglamento
de Tránsito

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Debo reconocer que a pesar de haber leído múltiples informaciones y haber escuchado innumerables declaraciones, no sé cuál es el objetivo del Reglamento de Tránsito que entra en vigor hoy en el Distrito Federal. EL OBJETIVO, así, en mayúsculas. Porque según yo, para que una iniciativa funcione debe tener un propósito claro, concreto y único. Es decir, no deben pretenderse varios objetivos, ni el objetivo debe ser difuso.

Así que ignoro si el objetivo de eso que desde este martes nos imponen es hacer más fluido el tránsito vehicular en la ciudad de México (que sería muy loable), o hacer más amable la capital de la República para los peatones (meta más loable aún). O evitar decesos de peatones y de ciclistas (cosa que urge, pues mueren mil 91 al año). O si la nueva norma vial pretende reducir el número de accidentes, o las muertes de jóvenes en autos, o –no se rían– si las autoridades quieren que mentemos menos madres o que en la capital se produzca menos contaminación.

No lo sé.

El Reglamento sí dice que tiene un objetivo, es cierto. Pero la redacción del mismo me parece vago.

Esto dice el artículo 1 de lo que hoy entra en vigor: “El presente reglamento tiene por objeto regular la circulación de peatones y vehículos en la vía pública y la seguridad vial en la Ciudad de México”.

Regular la circulación y la seguridad vial. Ok, son dos objetivos pero tomémoslos por uno solo y concedamos que quizá el primero ayude a alcanzar el segundo.

Entonces, lo que el jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, quiere a partir de hoy es regularnos. No está mal, dado que hasta hoy somos bastante propensos a darnos cualquier tipo de licencia vial: reversazo en pleno Periférico, ¿quién no lo ha intentado? De hecho hay quien llama a esas maniobras “dar un chilangazo”, pues en otras partes de la República se teme más a los agentes de tránsito, por la amenaza, real, de las multas y/o mordidas.

Creo que el punto débil de que el objetivo sea regular es eso que se conoce como hágase la voluntad de Dios en las mulas de mi compadre. O dicho menos vernáculamente, en la equidad ante las leyes.

Regular implica todos parejos, y si algo nos ha quedado a deber el actual gobierno es la noción de que estamos ante una administración que aplica la ley a rajatabla.

Porque si de regular se trata el asunto, habría sido bueno que Mancera hubiera aprovechado la entrada en vigor del Reglamento para cumplir su promesa de regular a los guaruras y los autos-escolta. Por cierto, en el Reglamento no viene ni siquiera mencionado el término escolta o guarura. Como si la realidad no los hiciera 1) ejemplo de gandallismo y prepotencia, 2) de alta velocidad, 3) de caprichoso bloqueo de calles cuando un motociclista, sin identificación oficial, cierra la circulación para que Don Importante circule, y 4) de estacionarse donde no está permitido.

En fin. A mí me hubiera gustado que el objetivo del nuevo Reglamento fuera lograr una cultura vial que proteja a los más vulnerables.
Entonces, todo se orientaría a proteger a los peatones y a los ciclistas.

Con eso en mente, desde el transporte público hasta los conductores privados, pasando por los guaruras y los influyentes, sabríamos que hay una sola meta, y que ésta no es el evitar que nos multen, sino reducir los percances que dejan cada año cientos de muertos y lesionados.

Twitter: @SalCamarena

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