Opinión

Sobre la autobiografía de Castañeda

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Jorge Castañeda Excanciller

En la inolvidable noche del domingo 2 de julio del año 2000, en improvisado acto público llevado a cabo en la columna de la Independencia para festejar el triunfo electoral a la Presidencia de la República de Vicente Fox, con la presencia de éste, los ciudadanos ahí reunidos le gritaron una sola petición: “¡No nos falles, no nos falles!”

Concluyó Fox su periodo y siguió otra administración federal panista. Luego de concluida ésta y después de doce años de ejecutivos de Acción Nacional, en amplios sectores quedó la impresión de que ambos gobiernos, en los que se tuvieron tantas esperanzas, finalmente fallaron.

Para algunos, de buena fe, los resultados fueron más bien pobres; y para otros, muy por debajo de las expectativas –ciertamente elevadas- que una amplia proporción de mexicanos tenía de los gobiernos de la alternancia. Gran desilusión pues.

¿Qué fue lo que realmente pasó? Vistas las cosas en retrospectiva y con toda objetividad, resulta claro que no hubo grandes avances por no haberse podido realizar las grandes reformas que ya desde hace tres lustros el país necesitaba con urgencia. Y no fueron posible por el bloqueo, por la negativa a aceptarlas por parte del priismo en las Cámaras Legislativas, que se negó así a ser una oposición leal simplemente por mezquindad.

Tan fue así de notorio, que cuando el priismo regresó al poder en 2012 encontró una oposición no sólo dispuesta a colaborar, como consta a la opinión pública nacional, sino aun a impulsar activamente las reformas de fondo de las que todo el mundo está consciente y conoce. Una actitud radicalmente distinta a la adoptada por los priistas entre 2001 y 2012. Es esto tan claro, que nadie en su sano juicio lo puede negar.

Tan claro como que la única cuestión de fondo que después de más de dos años, luego del cambio de gobierno, sigue aún pendiente, obedece a que el PRI se resiste, y que no es otra que la creación de un eficaz sistema de combate a la corrupción. Y es precisamente en este punto donde parece estar la clave de la cuestión.

En su autobiografía de reciente publicación, titulada Amarres Perros, Jorge G. Castañeda, secretario de Relaciones Exteriores durante los primeros dos años del gobierno de Fox, da cuenta que en tres ocasiones trató el asunto de cómo hacer que los priistas terminaran con su renuencia a colaborar. Dice que en las tres veces Fox lo “bateó”.

Afirma que la primera fue el 10 de abril de 2001, es decir, a los cuatro meses de iniciado el sexenio, en una reunión en la propia casa de Castañeda en San Ángel, ante la presencia de Elba Esther Gordillo y Manuel Camacho. La segunda ocasión fue el 27 de junio del mismo año, en una encerrona en el rancho de Fox en San Cristóbal con la participación de algunos integrantes del equipo de Los Pinos y del gabinete mismo que venían desde los tiempos de la campaña presidencial, junto con Francisco Barrio, entonces secretario de la Contraloría; aunque Castañeda aclara que esta encerrona fue “sin (Alfonso) Durazo, Marta (Sahagún) y Gil (Díaz)”.

La tercera oportunidad en que el tema -más que interesante- le trató Castañeda a Fox, debió haber sido poco antes del primer informe de gobierno, tal vez en agosto de 2001. Ocurrió, según dice, “durante un viaje a Santiago de Chile”, ocasión en la que de alguna manera también intervinieron Héctor Aguilar Camín y Joel Ortega.

Lo que Castañeda propuso a Fox en esas tres ocasiones para conseguir el apoyo del priismo, sorprende por su audacia y ofrece amplia materia para la reflexión. Aunque los lectores de dicha autobiografía saben en qué consistió la iniciativa, bien vale la pena en una próxima entrega dar detalles al respecto. Se podrá o no estar de acuerdo con la propuesta, pero está más que interesante.

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