Opinión

Sobre jaulas de oro y niños migrantes

Durante la última entrega de los premios Ariel a fines del mes pasado, la película La jaula de oro del director Diego Quemada Diez, ganó en nueve premios incluyendo mejor película, mejor actor, mejor guión original y mejor ópera prima. El filme ha contribuido a elevar la visibilidad del creciente y dramático fenómeno de menores de edad, en su mayoría centroamericanos, que buscan ingresar a Estados Unidos de forma ilegal y sin ser acompañados por adultos. La difusión en días recientes de imágenes que muestran a niños migrantes hacinados en centros temporales de refugio, así como la proliferación de reportajes sobre los graves abusos que han sufrido varios menores en centros fronterizos de detención, han puesto el tema en el debate público, tanto en México como en Estados Unidos (EU) y Centroamérica.

El fenómeno de los niños no acompañados que emigran a EU es realmente alarmante. Se estima que entre 60 mil y 80 mil ingresarán durante 2014, cerca de doce veces más que en 2011. Tan sólo desde octubre a la fecha, 33 mil fueron retenidos en Texas, y el gobierno de Arizona ha declarado que sus albergues se encuentran completamente rebasados. El 1 de junio, el presidente estadounidense Barack Obama declaró finalmente que este problema constituye una “situación humanitaria urgente” y ordenó a diversas agencias gubernamentales una mejor coordinación para ofrecer alojamiento y otros servicios a los menores en situación migratoria irregular.

¿Cuáles son las causas del crecimiento acelerado del flujo de niños migrantes? Hay varias hipótesis. Una explicación posible, impulsada por diversos sectores del Partido Republicano, culpa a la medida de “acción diferida” que la administración Obama adoptó en 2012 para reducir las deportaciones de migrantes menores de edad. Si bien la medida sólo es aplicable, con ciertas condiciones, a los menores que entraron antes de 2007, es muy posible que rumores y el conocimiento impreciso de esa política haya incentivado un mayor flujo. Otra explicación apunta a las condiciones de violencia y miseria que afectan a buena parte de la niñez en México y Centroamérica, que favorecen la ruptura familiar y servirían como fuerzas de empuje migratorio. Finalmente, otra hipótesis es la creciente sofisticación y prosperidad de las industrias del "coyotaje" y de la trata de menores, así como los posibles vínculos entre ambas. No hay que olvidar que, lamentablemente, México ocupa los primeros lugares en trata de personas, pornografía infantil y otras abyecciones. El asunto es especialmente doloroso porque los niños migrantes son víctimas de abusos muy graves y su vida corre peligro durante todo el trayecto. Están, en el transcurso del viaje, a merced de criminales que pueden someterlos a todo tipo de vejaciones. Si logran llegar vivos a su destino, es altamente probable que sean detenidos y recluidos en centros o “refugios” donde también se registran frecuentemente agresiones sexuales, violencia, extorsiones y otros abusos.

El fenómeno constituye un problema de alcance regional, que aqueja a México y América Central y afecta a EU. Por ello, se requiere una respuesta inmediata de política pública que se articule también a nivel regional. Estos países deben intensificar de manera urgente su cooperación, para impedir que los niños sigan cayendo en las redes de la trata y tengan suficientes incentivos para permanecer en su lugar de origen. El primer paso es lograr que el tema esté en la agenda. Para ello, la opinión pública tiene un papel determinante. Sólo así lograremos pasar de las películas a la acción.