Opinión

Sobre el programa nuclear iraní:
negociaciones contra
el reloj

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 [Hasán Rouhani está tratando de reanudar conversaciones sobre el controversial programa nuclear iraní / Reuters]  

El martes 30 de junio venció el plazo para concluir las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán. Como se preveía desde hace algunas semanas, habrá una prórroga hasta el próximo martes 7 de julio. Si para entonces no se ha llegado a un consenso, cualquier acuerdo futuro enfrentaría más obstáculos pues el Congreso norteamericano entrará al receso de verano en agosto y podría no haber tiempo suficiente para examinar y autorizar el acuerdo. Además, el ambiente político preelectoral influiría seguramente en este proceso y daría más espacio a los detractores de las negociaciones de articular una oposición más decidida.

Un acuerdo sobre el programa nuclear de Irán sería uno de los principales logros diplomáticos en Medio Oriente. Por eso, durante los últimos meses, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, EU, Francia, Reino Unido y Rusia), además de Alemania, bajo el liderazgo de Estados Unidos han conducido las negociaciones para alcanzar un acuerdo con Irán sobre el desarrollo de un programa nuclear con fines pacíficos. Las grandes potencias buscan asegurar que ese país no tratará de dirigirlo a producir una bomba atómica, mientras que a Irán le interesa que se le levanten las sanciones internacionales que asfixian su economía desde hace más de un decenio, principalmente sobre sus exportaciones petroleras.

A principios de abril, el secretario de Estado norteamericano John Kerry y su homólogo iraní Mohammad Javad Zarif negociaron en Viena el marco del acuerdo político. Después cada una de las partes emitió declaraciones separadas. Sin embargo, en las últimas semanas, el líder supremo de Irán, el ayatolá Jamenei se ha pronunciado por derogar algunos de los elementos principales del acuerdo preliminar. Según el acuerdo, Irán deberá facilitar el acceso a todas sus instalaciones y proporcionar la información de su programa nuclear a la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU.

Las principales disconformidades se encuentran en Ias características de los sitios sujetos a las inspecciones –que no sólo incluirían las instalaciones nucleares, sino también las bases militares, lo que rechaza tajantemente Irán–, el ritmo para levantar las sanciones económicas y la rapidez con la que Irán podría aumentar su capacidad de enriquecimiento de uranio durante los últimos años del acuerdo –material radioactivo del que depende la posibilidad de fabricar una bomba–. La duración y los alcances del arreglo también son otra manzana de la discordia. Irán busca que dure ocho años, Estados Unidos pide que sean veinte.

Con esta negociación, la presidencia de Obama se encuentra en uno de sus momentos definitorios. Uno de los objetivos centrales de la política exterior del presidente Obama hacia la región –propuesto incluso en su primera campaña hacia la presidencia en 2008– ha sido alcanzar “un entendimiento histórico con Irán”, un paso para normalizar las relaciones bilaterales. La posibilidad de armonizar los objetivos de ambos grupos provoca grandes expectativas en la opinión pública. Por su parte, los grupos que se le oponen en Estados Unidos y en otros países vecinos, tradicionalmente aliados de Estados Unidos, como Arabia Saudita e Israel, lo han rechazado y apuestan a que las posiciones de cada lado se vuelvan más inflexibles y con ello, inaceptables para las contrapartes. En cualquier caso, al presidente Obama le conviene que las negociaciones fructifiquen: en caso contrario, su posición en Medio Oriente y en el mundo quedaría debilitada y desprestigiada.

Es un hecho que las discusiones se prolongarán algunos días más allá de lo previsto. No es necesariamente una mala noticia. Todas las partes tienen interés de conseguir un acuerdo satisfactorio. A pesar de que todavía hay bastante incertidumbre sobre los posibles logros, es notable encontrar la colaboración estrecha que han tenido en este tema las potencias del P5+1. Mientras abundan conflictos entre Estados Unidos y otros países –notablemente con Rusia sobre Ucrania y con China sobre sus avances en el Mar de China Meridional– estas negociaciones han demostrado que las potencias pueden tener más incidencia cuando actúan de manera concertada.

Twitter: @lourdesaranda

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