Opinión

Sobre el homo sovieticus

   
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Unión Soviética (Reuters)

Los nombramientos de los premios Nobel de literatura sorprenden en ocasiones. Como el patético que entregaron este año a Bob Dylan. Aparte de eso, siempre sale alguno de un perfecto desconocido para los que compramos libros en Gandhi y El Péndulo. Pero también hay buenas sorpresas como el caso de Svetlana Aleksiévich, periodista nacida en lo que fuera la Unión Soviética y que se ha dedicado a documentar en sus libros las tragedias que acompañaron la caída de ese enorme imperio del que poco sabíamos. Por supuesto está Memorias de Chernobyl –que es pavoroso- o el de Hombres de Zinc- sobre los soldados en la guerra de Chechenia-. Me parece particularmente aleccionador y –conmovedor en muchos de sus testimonios- El fin del homo sovieticus (ed. Acantilado). Generaciones que nacieron en el mismo territorio pero en diferente país, madre e hija que no se entienden porque crecieron de forma distinta: una tras un bloque de cemento y otra persiguiendo unos jeans. Gente que añora sus grandes literatos, el enfrentamiento con las potencias y que alegan que Gorbachov los cambió por una pizza; doctores en física nuclear que terminan de plomeros; vulgares bandoleros que se convirtieron en empresarios millonarios. Hay testimonios de todo tipo. Van unos subrayados.

“Todo eso forma parte de nosotros, crecimos entre verdugos y víctimas…Nos resulta normal convivir unos con otros. No conocemos la frontera que separa la guerra de los tiempos de paz. Vivimos en una guerra permanente.”

“Nunca dejamos de hablar del sufrimiento…Es nuestra vía de conocimiento”.

“Las palabras eran actos, entonces. Tomar la palabra en una reunión para decir la verdad era un acto, porque entrañaba un peligro. O salir a manifestarse a una plaza…(…) Hoy nos resulta increíble todo aquello, porque ahora se privilegia la acción y la palabra se ha depreciado. Hoy puedes decir lo que te dé la gana, pero la palabra no tiene poder alguno. Nos gustaría creer en cualquier cosa, pero no podemos. Ahora todo nos importa un bledo y el futuro es una mierda”.

“Las personas felices son siempre un poco infantiles. Y hay que protegerlas, porque son frágiles y tontas. Indefensas”.

“Mi madre me dio un consejo muy útil hace tiempo: “Ningún hombre ha superado jamás la edad de catorce años”.

“Mi generación creció entre padres que habían vuelto del Gulag o de la guerra…Lo único de lo que podían hablarnos era de la violencia, o de la muerte. No eran padres risueños, ni locuaces. Y todos bebían sin parar…Eso acabó matándolos”.

“¡Éramos un pueblo lleno de grandeza! Y ahora nos han convertido en un pueblo de traficantes y pillos, de tenderos y gerentes”.

“¿Dónde están ahora los que animaban a Yeltsin? Creían que vivirían como los estadounidenses y los alemanes pero ahora vivimos como los colombianos. Somos los perdedores...Hemos perdido el país”.

“Su proverbio predilecto era el que reza: “A Dios le salieron mejor las flores y los árboles que los hombres”.

Twitter: @JuanIZavala

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