Opinión

Sobre aviso no hay engaño

   
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trump

Si, como todo indica, gana Clinton, el conflicto postelectoral se puede dar por descontado. Trump no reconocerá su derrota. Todos aquellos que, dentro y fuera de Estados Unidos señalaron y repitieron que una vez en la presidencia se moderaría, se equivocaron rotundamente. Trump nunca ha sobreactuado. Es un hombre exaltado y arrebatado. Nadie cambia a los 70 años. Por eso denunciará el fraude.

Sobra decir que esta elección dejará vapuleado al Partido Republicano. Su base más radical y los nuevos seguidores de Trump lo identificarán como parte del establishment. Quedará, así, golpeado en dos flancos, ya que la campaña contra los migrantes mexicanos habrá alejado, por años, sino es que por décadas, a los republicanos de las minorías. La gran pregunta, en consecuencia, es si el GOP sobrevivirá como uno de los dos grandes partidos.

Estados Unidos parece estar entrando en un proceso similar al de muchos países europeos, donde la ultraderecha nacionalista se ha fortalecido en detrimento de otras fuerzas políticas. Uno de los casos más notables es el Partido Comunista francés, que prácticamente desapareció y cuyos exmilitantes, un buen número de ellos, terminaron apoyando al Frente Nacional de Le Pen.

Por supuesto, es muy pronto para anticipar qué forma adoptará el trumpismo después de las elecciones. Estados Unidos no es México. No sería concebible una toma de la Quinta Avenida, ni un plantón indefinido frente a la Casa Blanca. Pero es más que probable que los votantes duros de Trump compren su argumento por partida doble: a) hubo fraude electoral; b) los atracadores son los de arriba, es decir, los medios, los Clinton e incluso los republicanos moderados, el establishment, pues. Por lo demás, que en el entorno de Trump se considere la posibilidad de crear un canal de TV, es un indicador de lo que puede venir en el futuro.

De lo que no hay duda es de que la victoria de Clinton el 8 de noviembre será una batalla ganada, pero no habrá terminado la guerra. El movimiento trumpista seguirá luchando y agrupará a los más recalcitrantes, desde Steve Bannon –de Breitbart– hasta los supremacistas blancos, como el Ku-Klux-Klan. A final de cuentas, el programa de todos ellos se sintetiza en el lema Make América White Again, es decir, regresar las manecillas del reloj de la historia.

A contrapunto, el peso que los latinos tendrán en esta elección está por verse. Si la participación es más alta que en el pasado y contribuye a la victoria de Clinton, como ocurrió con la elección de Obama, sentará un precedente. Habrá un antes y un después de la brutal arremetida de Trump contra los inmigrantes mexicanos. Lo más importante sería la toma de conciencia masiva que el ejercicio del voto es la única defensa que tienen.

Para México, la lección es muy clara: la asimetría de la relación con Estados Unidos no nos ha vuelto vulnerables, nos ha dejado indefensos ante un escenario como el que planteaba la victoria de Trump o de un personaje similar en el futuro. La respuesta del gobierno, encabezada por Videgaray y Peña, ha pasado ya a la historia como un episodio ignominioso, que los perseguirá el resto de sus días. No se puede atemperar a quien te declara la guerra y amenaza con aniquilarte.

De aquí en adelante debe quedarle claro a todos, incluidas las fuerzas políticas, que México no puede ser indiferente ni neutro ante el fortalecimiento de la ultraderecha en Estados Unidos. No sólo por el repunte del racismo contra los migrantes mexicanos, sino porque pone en cuestión la viabilidad de la economía e incluso del Estado mexicano.

Esta elección puede y debe volverse el punto de inflexión en que la América diversa se fortalezca definitivamente frente a quienes quieren hacer retroceder el reloj de la historia. Hillary Clinton cometió una impropiedad política al acusar a la mitad de los seguidores del candidato republicano de ser deplorables. Pero más allá de la corrección política, que debía guardar en campaña, la definición es cien por ciento correcta. Trump ha despertado o canalizado los peores demonios de los estadounidenses. Hay que ayudarles a conjurarlos.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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