Opinión

Situación conflictiva en Ucrania

A partir de la desintegración de la URSS en 1991, Rusia ha mantenido constantemente presiones sobre las diferentes naciones de la antigua esfera Soviética. Con el ascenso al poder de Vladimir Putin hace 14 años, los intentos de Rusia por ejercer su influencia en las exrepúblicas se han acrecentado; es el caso particular de Ucrania, donde ha utilizado el señuelo de otorgarle créditos y rebajas en los precios de los energéticos que le vende.

La “punta de lanza” que se ha registrado entre Rusia y Ucrania ha sido la Región Autónoma de Crimea; esta última tras la Revolución Rusa de 1917 se convirtió en una República Autónoma dentro de la Unión Soviética hasta 1954, cuando dejó de tener ese estatus y pasó a formar parte de Ucrania, que también desde 1917 y hasta 1991 conformó parte de la URSS. En 1992, Rusia volvió a declarar a Crimea como República Autónoma, sin embargo, el Parlamento de Ucrania anuló la declaración de independencia de Crimea, y le dio la categoría de Región Autónoma, permitiéndole establecer una administración separada dentro de su territorio, la capital histórica de Crimea, Sebastopol, se trasladó a la segunda ciudad de Crimea, Simferópol.

Crimea tiene una extensión relativamente pequeña, 26 mil 200 km2 y cuenta con menos de 3 millones de habitantes frente a 48 millones de Ucrania en su conjunto; el 60 por ciento de la población de Crimea son rusos; 25 por ciento ucranianos; 12 por ciento tártaros de Crimea y el resto de diferentes minorías étnicas. En Crimea, en el mar negro, Rusia tiene una importante base militar.

La rivalidad existente entre Rusia y Crimea cobró fuerza al final de noviembre del 2013 con la ola de protestas contra el gobierno en turno del presidente Víctor Yanokovich, protegido de Putin, tras su negativa de firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, negociado durante tres años. Los reclamos populares fueron severamente reprimidos por Yanokovich causando decenas de muertos y cientos de heridos, lo que derivó en que el Parlamento Ucraniano depusiera a Yanokovich, quien se fugó a Rusia, y el establecimiento de un gobierno provisional hasta las nuevas elecciones que se realizarán al final de mayo próximo. El nuevo gobierno muestra debilidad ante la difícil situación que priva en Ucrania: estancamiento económico, desempleo creciente y elevada corrupción. El gobierno provisional requiere de 35 mil millones de dólares para solventar sus compromisos de este año y los del 2015; en el primer bimestre las reservas internacionales habían declinado en casi 2 mil millones de dólares hasta 18 mil 700 millones y la moneda se había devaluado 20 por ciento.

Hoy día Ucrania vive una encrucijada, “una parte significativa de su población quiere ser parte de Europa y acercarse a sus instituciones y mercados, y otra que vive bajo el yugo, la lengua, la cultura y la disciplina de la vieja Rusia que renace en la persona de un nostálgico dictador”. Entre los polos de atracción para Ucrania, Rusia y Europa, existe una fuerte interdependencia vía los energéticos que pasan por los cuatro oleoductos de Ucrania. El 80 por ciento del gas que Rusia vende a Europa atraviesa por Crimea, que representa el 40 por ciento de lo que Europa compra y 25 por ciento de su consumo total. Asimismo, Rusia exporta diariamente a Europa 6 millones de barriles de petróleo y un millón de derivados de petróleo. Por lo demás, Ucrania tiene la salida de Rusia al mar negro y a las bases navales que le arrendará a Rusia hasta el año 2042. El comercio bilateral entre Rusia y Ucrania no es nada despreciable, cerca de 200 mil millones de dólares anuales.

Ante la significación geoestratégica de Crimea para Rusia, Putin fue autorizado por el Parlamento ruso para “el uso de tropas” en Ucrania, desplegando a 6 mil militares sin insignias provenientes de su flota del mar negro, “para garantizar la paz y la seguridad” y defender sus intereses y los de los ciudadanos rusófilos. El Presidente de EUA, Obama, ha pedido a Putin que retire las tropas de Crimea “que están violando su soberanía e integridad”. Putin se ha negado y el gobierno de EUA ha tomado varias represalias; en este sentido ha anunciado la prohibición del otorgamiento de visados a altos funcionarios rusos y ucranianos involucrados en la violación de la soberanía de Ucrania y la adopción de una orden ejecutiva que sienta las bases para imponer sanciones a particulares y empresas, referidas a la congelación de activos y veto a los ciudadanos y empresas que puedan realizar negocios con particulares y entidades rusas “responsables de actividades que hayan contribuido a minar el proceso democrático o a debilitar a las instituciones ucranianas y que hayan supuesto una amenaza para la paz, la estabilidad, la soberanía o la integridad territorial de Ucrania”. Por otra parte, el gobierno de EUA ya ha cancelado su participación en la Cumbre del Grupo de los Ocho en Suchi, Rusia, el próximo verano y paralizado las negociaciones sobre comercio e inversión con Rusia y dará mayor apoyo a la misión de vigilancia aérea de la OTAN en el Báltico y en Polonia.

La invasión militar rusa a Crimea se agrega a las desavenencias que ha tenido con EUA, por el apoyo que Rusia ha dado a Irán y Siria y la concesión de asilo temporal al exanalista de la NSA, Edward Snowden; sin embargo, por razones presupuestales y de imagen política, Obama no tendrá presencia militar en Ucrania. Los líderes europeos han mostrado prudencia respecto a las sanciones a Rusia, empero, pondrían ejercer más presión si Putin se rehúsa a admitir la soberanía en Crimea.

Por otro lado, es de esperar que Rusia busque la vía diplomática para resolver el conflicto en Crimea, después de todo no es la gran potencia que Putin pretende proyectar, sobre todo por su debilidad estructural ligada a su dependencia de los energéticos; 70 por ciento de sus ingresos de exportación y 50 por ciento de los del Estado provienen de esta fuente.