Opinión

Sismo y miseria

21 septiembre 2017 12:55
 
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Centenares de casas ubicadas en municipios de Edomex, aledaños al estado de Morelos, fueron colapsadas tras el sismo. (Cuartoscuro)

El sismo de 8.2 grados que ocurrió el pasado 7 de septiembre en las costas de Oaxaca y Chiapas mostró una vez más la enorme fragilidad en la que viven todavía millones de mexicanos en pobreza extrema, que si bien han ido disminuyendo en los últimos años, siguen concentrándose en esas zonas del país. Por supuesto un terremoto de esa magnitud con el epicentro situándose en ese espacio, hubiese generado daños independientemente de las condiciones socioeconómicas del lugar. Pero contabilizar un centenar de muertos y dos millones y medio de damnificados, vuelve a levantar la alarma con respecto a la precariedad en la que viven estos mexicanos de la llamada miseria silenciosa.

Problemas derivados de cacicazgos ancestrales en el marco de economías de autoconsumo, que no permiten a sus habitantes utilizar el vehículo de la educación como instrumento de ascenso social, han hecho inviable cualquier programa social que pretenda romper este círculo perverso de la pobreza extrema. El éxito de un programa como Prospera en otras localidades estriba en la posibilidad de encontrar, a través de distintos instrumentos, un camino de salida que inserte a esos pobres en el aparato productivo y les permita salir de su condición de miseria. En Oaxaca, Chiapas y Guerrero el programa sirve básicamente para que la gente no se muera de hambre y falta de atención médica mínima, pero ante la carencia de opciones económicas reales, mantiene a los pobres en la misma condición en las que los encontró.

Es por ello que cuando un fenómeno natural, como un macrosismo, destruye lo poco que esta población tenía para sobrevivir, la obligación del Estado mexicano es no sólo responder de manera rápida y efectiva ante la emergencia inmediata, sino elaborar un proyecto integral de superación de la pobreza en las áreas afectadas, que supere el concepto de las llamadas Zonas Económicas Especiales, que si bien pudiese funcionar en el mediano plazo, no se aplica específicamente a esta población históricamente mantenida en pobreza crónica.

Reconstruir Juchitán, y darle viabilidad a poblados cuya lejanía los hacen inhabitables desde hace décadas, implica un esfuerzo gigantesco de coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales, para una reorganización demográfica, laboral y productiva. Ante la destrucción, es el momento de la reconstrucción de casas y de implementar instrumentos indispensables para la vida cotidiana, pero también de una ruptura con formas de vida que sólo han traído dolor y abandono para millones de mexicanos. Es esta una decisión política principalmente de los gobiernos de los estados, en el entendido de que esta acción implica romper con intereses de liderazgos caciquiles que se han enriquecido a costa de la pobreza de los otros.

El costo en lo económico y en político será muy alto, pero no tanto como el que pudiese implicar dejar a la deriva a esta población que, ante el hecho de haberlo perdido todo y sin perspectiva alguna de recuperación, estaría en condiciones de asumir posiciones extremas de violencia generalizada, producto de no contar ya con ninguna esperanza de mejorar su condición de vida. De ahí la urgencia de resolver lo inmediato, pero también lo que se dejó a la deriva durante largos años, y que es la condición de miseria y abandono de seres humanos a los que se vio como entes sin solución y a los que había que dejar aislados y alejados del resto de la sociedad. El sismo del 7 de septiembre, con su ola de destrucción y muerte, los trajo de nuevo a nuestra realidad obligándonos a encontrar una solución integral y efectiva.

Tratar de mitigar la tragedia regresándolos a su estado previo al sismo sería un suicidio nacional. Así como el terremoto de 1985 cambio al país, el de 2017 está destinado a transformar las zonas más pobres de Oaxaca y Chiapas. Y a esto hay que añadirle el terremoto de anteayer en la Ciudad de México, Morelos, Edomex, y Puebla… Otra tragedia.

Twitter: @ezshabot

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