Opinión

¿Sirve para algo la Profeco?


 
El despido de Humberto Benítez da pie para preguntarnos si tiene sentido que exista la Profeco.
 
Corría el sexenio de Luis Echeverría cuando en 1976 se creó la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), junto con la Ley de Protección al Consumidor.
 
Eran los tiempos en los que los empresarios eran los enemigos. El gobierno echeverrista endosaba a comerciantes y productores privados la inflación galopante que se dio en esos años.
 
También eran los tiempos de los precios controlados y una de las tareas principales de aquella dependencia creada en el último año del sexenio echeverrista, era vigilar que se respetaran los precios oficiales... y en caso de que no fuera así, pasar por la consiguiente mordida, ¡perdón!, pasar a imponer la multa correspondiente.
 
También fue el tiempo en el que el gobierno tutelaba los derechos de los 'menores de edad'; es decir, de nosotros, los consumidores. Como se inhibía el ejercicio de los derechos privados, el Estado -ese ogro filantrópico- se iba a encargar de defendernos.
 
Los tiempos evolucionaron y desaparecieron casi en su totalidad los precios controlados. Sin embargo, la Profeco mantuvo en lo esencial estructura y presupuesto. Apenas hace muy poco tiempo que emprende acciones colectivas en nombre de los consumidores.
 
También hace estudios muy interesantes y ofrece bases de datos también de utilidad, pero que están muy lejos de ser la función esencial de una Procuraduría.
 
De vez en vez, cuando se producen burbujas de precios en algunos productos, los sucesivos gobiernos ponen al frente a la Procuraduría para tratar de ejercer el control en épocas en las que ya no existe el control.
 
No es 'políticamente correcto', pues daría la impresión de que se está en contra de los consumidores, pero me parece que sería muy sano que el Congreso le diera una buena revisada a la Ley Federal de Protección al Consumidor, para ponerla a tono con los tiempos y eventualmente suprimiera la costosa Profeco.
 
Sería mucho más sano para los consumidores mexicanos que se organizaran más y hubiera recursos adicionales de defensa, en lugar de estas procuradurías que en realidad más bien nos cuestan mucho dinero, tienen escasa efectividad y propician la corrupción y el abuso.
 
Las razones de una salida
 
Y hablando de Humberto Benítez, cuando ya muchos creían que había salvado su cuello, sorprendió la decisión del presidente Enrique Peña de removerlo ayer de su cargo.
 
Con la separación de sus funciones de algunos funcionarios de segundo nivel, parecía estar sorteado el hecho de que se hiciera uso de la autoridad para satisfacer intereses personales, como fue el caso de la célebre Andrea Benítez, conocida ya ampliamente como 'Lady Profeco'.
 
Sin embargo, quien tomó la decisión percibió 2 cosas:
 
La primera es que en las redes sociales y en los corrillos de amplios sectores de la población, seguía existiendo la percepción de que quienes se habían ido eran sólo chivos expiatorios y que se había salvado el procurador, debido a la cercanía con el presidente Peña, pues formó parte de su grupo cercano en el gobierno del Estado de México.
 
La segunda es que bien podría darse una lección que sacudiera hasta las fibras de muchos funcionarios públicos, registrando que si esa decisión se tomó con alguien tan cercano al presidente, prácticamente nadie puede presumir de estar a salvo si incurre en alguna falta por ser parte de los amigos del presidente.
 
Quizás este desenlace del caso de 'Lady Profeco' parezca un hecho menor, parte de las anécdotas de la política mexicana, pero en realidad nos da la esperanza de que, así sea por autointerés, el gobierno de Enrique Peña está mostrando una consistencia que la mayoría no esperaba.
 
Es una buena noticia.
 
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enrique.quintana@elfinanciero.com.mx