Opinión

Sin rumbo claro

  
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Beatriz Mojica ofreció conferencia de prensa para presentar un avance de su campaña política. (Cuartoscuro)

Comentábamos el martes las acciones que el presidente Peña Nieto ha iniciado para ajustar el rumbo de su proyecto político, después del golpe que le significó la elección del 5 de junio. Pero no es su partido, el PRI, el único que está en dificultades. Algo similar, aunque sea por otras razones, ocurre en el PRD.

Este partido no perdió las elecciones, pero tampoco tuvo grandes triunfos. Ganó en alianza con el PAN en Veracruz, Durango y Quintana Roo, pero no pudo hacerlo en Oaxaca, donde el candidato era suyo. Tampoco fueron en alianza en Chihuahua, aunque la corriente de los Galileos lo estuvo promoviendo. Y su candidata en Tlaxcala se quedó corta, aunque fue competitiva. Muchos comentaristas han insistido en que Morena ha rebasado al PRD, pero eso no está claro. En las entidades en donde hubo elecciones, Morena no tiene un incremento en votación contra el año anterior, salvo en tres: Zacatecas, donde el candidato fue el hermano de Monreal; en Veracruz, donde se ha hablado mucho de un pacto con Duarte; y en Oaxaca, donde su candidato fue determinante para impedir el triunfo de la alianza PAN-PRD. Es cierto que Morena ha ganado al PRD en el DF en las dos elecciones, 2015 y 2016, pero su triunfo es por muy poco, y en las elecciones al Constituyente no mostraron gran capacidad de movilización.

Por lo mismo, no creo que el PRD haya sido desplazado por Morena, pero sí ha ocurrido que los votos que antes tenía un solo partido hoy están divididos en dos. Si uno tiene unas milésimas más que el otro creo que es irrelevante. Ninguno de los dos está en condiciones de competir seriamente a nivel nacional. Su concentración regional se los impide.

Pero el PRD es un partido político en forma, no un movimiento personalista, como Morena, de forma que mantenerlo funcionando no depende de los gustos de nadie en particular, sino del equilibrio de fuerzas. Como usted sabe, el grupo más importante al interior del PRD es Nueva Izquierda (NI), que en conjunto con Alianza Democrática Nacional (ADN) alcanzaron 75 por ciento de los votos en las últimas elecciones internas del partido. Casi de inmediato empezaron los problemas, y ahora todo indica que hay un enfrentamiento entre estas dos facciones, alrededor de las cuales orbitan los grupos más pequeños.

Por eso no pudieron definir quién será su presidente para terminar el periodo que inició Carlos Navarrete y continuó Agustín Basave. Y por eso pospusieron la decisión para este fin de semana, aunque hasta el momento no se ve que avancen. No dudo que parte de la negociación por la presidencia sea la elección del Estado de México, donde ADN tiene su mayor fuerza. Querrán mano en la definición del candidato o candidata, entre otras cosas, a cambio de ceder la presidencia del partido a NI. Pero el Estado de México resulta determinante rumbo a 2018, de forma que NI considera seriamente ir en alianza con el PAN.

Esa alianza, con un candidato o candidata razonable, ganaría tranquilamente la elección. Recuerde usted que por eso Peña Nieto decidió dejar pasar a Eruviel en el PRI en 2011, en lugar de provocar su salida y potencial candidatura de esa alianza.

Evidentemente, para Peña Nieto eso no debe ser buena noticia, de forma que hará lo posible por impedirlo. Ya ADN estuvo en contra de las alianzas en 2016 y seguramente lo hará en 2017 y 2018. Ya ve cómo son las coincidencias.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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