Opinión

Sin rumbo a la XXII Asamblea Nacional

    
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ME PRI. (Especial)

En picada, con cerca de tres millones de votos menos desde las elecciones de 2015 a la fecha, el PRI avanza hacia su XXII Asamblea Nacional Ordinaria sin ninguna claridad de si debe cambiar y hacia dónde.

De acuerdo con el reporte electoral de Integralia 2017, al comparar las elecciones de gobernador de 2015, 2016 y 2017 con sus respectivas elecciones previas, el PRI ha perdido cerca de tres millones de votos. Y tan sólo este año, la pérdida fue de 1.3 millones de votos, una caída de 28.1 por ciento respecto a 2011.

Así, con corrientes en contra y priistas disciplinados que no hablan en público y sólo lo hacen en los pasillos, ni el partido ni el gobierno han dado una línea clara respecto a cómo será la Asamblea.

Los priistas se quejan de que a poco más de un mes de que se lleve a cabo, no hay directriz respecto a si debe haber debate, si esté deber ser mínimo e insulso, o si bien se tiene que replantear al partido hacia las elecciones de 2018.

Tampoco hay claridad de cuál es la postura oficial que deberán tener respecto a los candados del artículo 166 del estatuto, que en su fracción IX que señala que “para los casos de Presidente de la República, Gobernador y Jefe de Gobierno del Distrito Federal se requerirá acreditar la calidad de cuadro, con diez años de militancia partidaria”.

Y en la fracción XIII inciso a, señala que para ser candidato a senador o diputado deben acreditar una militancia de cinco años.

Ya sabemos que las corrientes que han salido están a favor de que se queden estos candados, pero en un partido acostumbrado a la línea, no hay posición oficial a este respecto.

Ni si quiera se sabe si el gran elector priista, o sea el Presidente de la República, pudiera estar realmente interesado en que el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, fuera el candidato a la Presidencia, o Rosario Robles a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, y eso supondría que los priistas quitaran los candados.

Tampoco se sabe si la idea es cambiar el programa de acción, o la declaración de principios. Y ya vimos cómo están las cosas, con la revuelta que se dio en la asamblea en Chiapas, donde dejaron fuera a muchos priistas, incluidos Willy Ochoa, Julián Nazar y Arely Madrid.

Finalmente esa es una de las 17 dirigencias que no han sido renovadas, y el presidente Roberto Albores es sumamente difícil que cumpla con todos los cargos que tiene, ya que además es senador y secretario de Gestión Social del PRI nacional, ¿de verdad se puede ser todo?

GAMBOA SE QUEDA

Son muchas las razones para que Emilio Gamboa Patrón permanezca al frente del grupo parlamentario del PRI en el Senado, pero hay una razón filial: su hijo, el diputado federal de mayoría, Pablo Gamboa Miner, tiene muchas posibilidades de ser candidato y ganar la gubernatura de Yucatán. Si el senador fuera presidente del PRI, sería muy difícil convencer a otros priistas, especialmente al también diputado Jorge Carlos Ramírez Marín. Ningún padre desea cancelar oportunidades a sus hijos.

A diferencia de otros estados, en Yucatán el clima es actualmente favorable para el PRI, pues los precandidatos naturales del PAN, el senador Gabriel Ávila Ruiz y la senadora Rosa Adriana Díaz Lizama, con casi cinco años en el Senado, no han logrado crecer en la opinión de los yucatecos y, por si eso fuera poco, ambos se encuentran enfrentados, situación que se replica entre sus equipos y terminan por anular uno al otro.

Claro que, si el presidente Enrique Peña Nieto se lo pide, Emilio Gamboa tendría muy poco margen para negarse, aunque diga a propios y extraños que él quiere seguir en el Senado. Entonces lo veríamos en la Secretaría de Gobernación o en la presidencia del PRI.

Twitter: @ginamorettc

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