Opinión

Sin piernas

Argentina venció a Nigeria 3 a 2 en un partido que terminó en el minuto 62. Sabella retiró a Messi del campo y desde el banquillo de Nigeria le informaron al equipo que aun perdiendo estaban clasificados pues Bosnia derrotaba a Irán. Empieza la segunda fase del Mundial y en cierto sentido empieza el torneo donde todo se decide en un partido a vida o a muerte.

Para sufrir de vómito y tensión, de gastralgia y mortificaciones, Messi ha jugado como si viniera de unas vacaciones en el paraíso: cuatro goles en tres partidos. Contra Nigeria remató un rebote en el poste a un tiro de locos de Di María, el argentino que ha disparado desde todas las posiciones. La defensa argentina, lenta y sin demasiadas gratificaciones en la parte baja del equipo le permitió a Musa el empate un minuto después.

En el minuto 10, el partido estaba empatado a un gol. Gil vio a Messi servir balones a granel, inventar trazos verticales, trozos de veneno. Las barreras que ven a Messi colocarse para cobrar un tiro de castigo sufren ataques de pánico. Messi no le pega al balón como si lo odiara, lo impulsa como con la mano y la bola gira como un planeta en rotaciones imposibles. El primer tiro a balón parado lo atajó Enyeama en el ángulo. La segunda ocasión que derribaron a Messi en los linderos del área, todos sabían que se acercaba el gol, empezando por el portero que vio pasar el balón aterrado e incrédulo rumbo a las redes.

20 años

El día en el cual Messi caminó y anotó dos goles, se cumplían 20 años de la jornada en la cual Maradona fue expulsado del futbol. El 25 de junio de 1994, Diego Armando vistió por última vez la camiseta albiceleste. En el Foxboro Stadium de Boston, Nigeria se enfrentaba a Argentina. Gil vio aquel encuentro y recuerda aún a Maradona correr hacia la cámara y jugar a devorarla con una gran mordida de gesto enloquecido. Al final del partido, una enfermera le pidió a Maradona que lo acompañara. Fue un golpe en el alma curiosa de los medios de comunicación. Cinco días después de malestares y rumores, El Pelusa dio positivo y su carrera terminó para siempre. Gamés lo leyó en su periódico El País: el análisis de la orina del genio, realizado en un laboratorio de Los Ángeles, detectó cinco sustancias con efectos estimulantes. La efedrina, un antihistamínico de uso común, que en grandes dosis puede dar ventaja competitiva y cuatro sustancias derivadas. Un genio con efedrina. El castigo terminaba con la vida deportiva del más grande futbolista de todos los tiempos: 15 meses de sanción y retiro inmediato del torneo. “Me cortaron las piernas y encima no me dejan defenderme (…) Tengo los brazos caídos y el alma destrozada”.

Amigos verdaderos

Amigos que no malquieren a Gamés le han hecho notar que hace tres semanas cierra su contribución de los viernes en su periódico El Financiero sin apelar a las bandejas de Glenfiddich y a los amigos verdaderos. Es verdad, entre las emociones del Mundial y los temblores de la vida pública, Gil ha olvidado a los meseros que se acercan con charolas que soportan el whisky preferido de Gamés. Mientras ocurren los movimientos del viernes, Gilga pondrá a circular en la mesa la máxima de Amado Nervo: “La mayor parte de los fracasos nos viene por querer adelantar la hora de los éxitos”.

Gil s’en va