Opinión

Sin muros

    
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Muro fronterizo

El que quiera ser líder debe ser puente:
Proverbio galés.

Cada muro es un retroceso, cada muro es una exclusión y es también la pérdida de miles de oportunidades.

La historia nos ha enseñado una y otra vez que quienes apuestan por la inclusión y los puentes con reglas claras y propósitos comunes siempre tienen como destino la prosperidad y la paz social.

Recientemente escuchaba a un orgulloso holandés hablar de que los cimientos de su país se construyeron justamente derribando muros. En pleno siglo XVII, católicos, judíos y protestantes, teniendo como eje una cultura de tolerancia, inclusión y apertura, crearon un imperio comercial y cultural.

Contrario a esta historia, actualmente enfrentamos muros de todo tipo, desde los religiosos hasta los del color de la piel. Muros frente a quienes eligen por su sexualidad, hasta muros clasistas que en el México de hoy lastiman, polarizan y preocupantemente se fortalecen.

No propongo una ausencia de convicciones, valores y principios que nos dan identidad y fortaleza. Estoy hablando de la renuncia a construir puentes y de provocar, en torno a aquellos que consideramos 'diferentes', un ánimo de odio, rechazo y exclusión. Hablo de esta irracionalidad que a lo largo de la historia ha provocado incluso muerte y exterminio y un sufrimiento humano irracional e inaceptable.

Cuando se acaban las ideas y se agota la inteligencia, entonces la apuesta son los muros.

Miles de muros culturales construidos con estereotipos, tabúes, mentiras y miedos. Estos muros no requieren acero pero destruyen día con día, son los muros del fanatismo, del autoritarismo y la sinrazón. Son los que mayor energía y voluntad requieren para derribarse.

Los muros que nos impiden vernos, reconocernos, dialogar y avanzar. Los muros que impiden construir como compatriotas sin que ello signifique dejar de lado nuestras posiciones, convicciones y diferencias.

Urge que miles de puentes derriben estos muros. Cada vez que construimos un puente cambia la vida para cientos, miles e incluso millones de personas en el mundo, y cambia la nuestra.

Nos urge construir millones de puentes mentales, culturales, económicos, religiosos, sociales. Nos urge la inclusión, la consideración, el respeto y la valoración de los otros, más allá de su origen, condición social y creencias en cualesquiera de sus facetas.

Paradójicamente hoy que vivimos un mundo abierto y con amplios márgenes de libertad en las redes sociales, nos enfrentamos a quienes, desde el terrorismo y el odio, levantan murallas. Nos enfrentamos a la exclusión y humillación de personajes que descalifican y atacan a comunidades enteras porque electoralmente son rentables como un blanco de agresión y rechazo.

Los puentes demandan mayor conocimiento, voluntad, tiempo y apertura. Los puentes exigen, de entrada, pensar en al menos dos partes en tanto que los muros tienen como propósito separar, dividir, excluir, denostar, humillar y aumentar los costos de la libertad.

Miles de seres humanos han perdido su vida intentado cruzar estos muros y millones más han muerto cuando unos cuantos, que detentan poder político y económico, deciden que el exterminio de los 'diferentes' es el único camino.

Este martes 9 de agosto y gracias al compromiso y voluntad de Proyecto 40, iniciaré un programa semanal en el que los jóvenes llamados dreamers nos compartirán sus historias de lucha, trabajo, esfuerzo y no rendición. Jóvenes cuyo mayor anhelo es tener la oportunidad y el derecho para seguir estudiando y lograr sus sueños, pese a todos los muros y adversidades que han enfrentado en sus vidas.

Hoy, esta generación de mexicano-americanos son un orgullo e inspiración para todos nosotros y debemos acompañarnos de manera concreta. Son la mejor versión del mérito y esfuerzo sin límites.

Hablaremos también con personajes que están cambiando la historia de nuestro mundo al derribar toda clase de muros. Los invito a que construyamos juntos este puente.

Twitter: @JosefinaVM

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