Opinión

Sin mañana

La grandeza del campeón en llamas; el mejor portero del mundo haciendo una chambonada del llano; el portentoso medio campo, un equipo invencible, sin creación o aventura; el gol olvidado en los vestidores, eso fue España ante Holanda. Cuando se encuentra así a la adversidad, todo se decide en un juego sin mañana. Chile venía de una victoria sobre Australia; nada da tanta seguridad como el triunfo, con tres puntos en la bolsa dirigía los misiles contra España.

Antes del juego, Del Bosque se había convertido en un vendedor de sueños: “Rebeldía y valentía. Nos vamos a enfrentar a un adversario valiente y muy intenso y tenemos que estar a su altura en todo y sin perder muestra identidad”. Del Bosque tenía razón: la divisa española de su presentación en Brasil 2014 fue la sumisión y el miedo, dos viejos compañeros del campo de juego cuando las cosas salen mal. Del Bosque de pronto actuó a un gran psicoanalista: “Ansiedad es un término muy peligroso, pero creo que una ansiedad controlada no es mala, lo malo sería demasiado pasotismo y decir que si perdemos no pasa nada; estamos muy dolidos y los días después del partido frente a Holanda se nos han hecho larguísimos, pero tenemos una gran responsabilidad y espero que la respuesta a ello sea con rebeldía”.

Antes de un partido, o de iniciar una aventura incógnita, hay que recurrir al vendedor de sueños.

La clave

Las malas lenguas dirán la misa, pero Gamés hinchaba por España. Alexis Sánchez conoce de memoria a todos los jugadores españoles
-compañero de la mitad de la Selección de España en el Barcelona-, el chileno se convirtió en una combinación secreta de la caja fuerte española. Jorge Sampaoli, director técnico de Chile lo supo siempre: Sánchez, la fórmula secreta. Sampaoli heredó de su predecesor Bielsa una obsesión de espía de la KGB y mandó subir las bardas para que nadie escudriñara sus movimientos. Los chilenos entrenan en absoluto secreto. Se dice que Sampaoli se despierta a las tres de la mañana para ver los videos del rival sin interrupción; de hecho, los más cercanos al entrenador obsesivo afirman que es un milagro que no se haya quedado dormido en el área del director técnico.

Nada evitó la catástrofe española, el equipo colapsó víctima de la ansiedad que quiso controlar Del Bosque. Un gran juego de emociones y balones en portería. Gil no supo ver el rostro de Chile en su primer encuentro. Primero, Claudio Bravo, un arquero de oro molido, un Ochoa chileno que pretende el Barcelona; enseguida, Gary Medel, un defensa con recorridos de pánico; luego, Charles Aranguiz, un medio fino que realiza modelos para armar; Eduardo Vargas, una punta de doble filo; y, desde luego, Alexis Sánchez.

Chile sitió a España y la tomó con un gol de cuatro pases de fantasía que acabó realizando Vargas en el minuto 20. España quiso reaccionar, pero los dioses del campo de juego la habían abandonado. En el minuto 43 se consumó la debacle española, Aranguiz tomó un rebote en el área y dobló a Casillas con un toque maestro: 2 a 0 favor Chile, el campeón del mundo empezaba la ceremonia del adiós.

Los adioses


La despedida de España fue una ceremonia dilatada. En algún momento del segundo tiempo, Diego Costa se tiró una chilena (no empiecen, Gil no se refiere a una mujer del cono sur) y le salió pase perfecto para Sergio Busquets. El ariete recibió el balón con el arco a sus anchas y Bravo casi vencido. Busquets le pegó un zapatazo de horror y la mandó fuera de la cancha, una prueba más de que todo saldría mal aquella tarde en Maracaná. España perdía ante Chile y era eliminada del torneo. El vendedor de sueños se plantó ante los medios y dijo: “No hay disculpas, no hemos sido capaces”. Fin de una monarquía futbolística. Por cierto, ese día, el rey Juan Carlos firmó la abdicación.

La máxima de Dickens espetó dentro del ático de las frases célebres: “Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”.